Parado 02. Quién eres

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A pesar de la sorpresa y el desconcierto inicial, Francisco no estaba dispuesto a dejarse intimidar por esto. Era un profesional que había tenido que tratar con diferentes tipos de locos y como tal estaba dispuesto a recobrar el control de la situación.

Sin embargo, es bien sabido que discutir con un loco es algo bastante absurdo, por lo tanto Francisco cogió la silla que quedaba libre, la colocó frente a la otra y se sentó. Francisco era un hombre ordenado, y como tal, se sintió algo molesto con el cambio de posiciones. Pero tampoco es que fuera una persona insistente, se consideraba adaptable a los cambios y pensó que lo mejor sería seguirle el juego.

- Bueno, ya estamos un poco más cómodos -dijo Francisco un poco molesto-. Soy el doctor Francisco Gutiérrez y me encargo de tu evaluación. Hay algo raro en tu ficha -continuó hablando mientras abría la carpeta y señalaba los folios con el dedo-, por lo visto no te han podido identificar. ¿Cuál es tu nombre?

Era una pregunta directa, era de suponer que le habrían hecho esa pregunta unas cuantas veces desde su detención, pero quién sabe, en ocasiones ocurre que simplemente nadie hace la pregunta adecuada.

- Encantado de conocerte Francisco -contestó haciendo un gesto exagerado con la mano-, no es una pregunta muy original, me lo preguntan mucho últimamente. Sin embargo a ti te voy a contestar, porque tenemos mucho de qué hablar y me gustaría empezar con buen pie.

Orgulloso de su habilidad y destreza, Francisco se irguió un poco y una leve sonrisa empezó a aparecer en su cara.

- Realmente no tengo nombre -continuó el extraño hombre-, no me malinterpretes, hace mucho tiempo tuve uno, o creí tenerlo. Pero lo perdí, entre muchas otras cosas perdí mi nombre.

La sonrisa en la cara de Francisco fue efímera y de repente su rostro volvió a mostrar sorpresa. Este hombre no iba a ser nada fácil, así que lo tendría en cuenta para no cantar victoria antes de tiempo.

- Suponiendo que algo como un nombre se puede perder -empezó a decir Francisco-, aunque no tengas nombre, necesito una forma de llamarte, de identificarte, tengo que poner algo aquí en la carpeta, ¿Cómo quieres que me refiera a ti?
- Sí, esa pregunta me gusta más. Puedes llamarme Parado.
- Vaya -dijo Francisco algo sorprendido-, Parado no es un nombre muy común.
- Sin embargo -contestó Parado- es muy utilizado últimamente para referirse a muchas personas.

El interés de Francisco por el extraño personaje que se hacía llamar Parado comenzaba a crecer, no parecía un loco cualquiera, contestaba normalmente a las preguntas y dialogaba como una persona cabal, obviando el tema del nombre, Francisco empezaba a pensar que quizás este hombre estuviera más cuerdo de lo que había esperado en un principio.

El silencio se paseó por la sala mientras Francisco asimilaba la información que había conseguido de aquel hombre, no era un silencio incómodo, porque Francisco no era consciente del mismo y porque la otra persona en la sala era un loco.

Mientras el silencio se hacía cada vez más grande y antes de que empezara a molestar, Francisco se decidió finalmente. Intentaría ser lo más directo posible.

- ¿Quién eres? La policía no ha conseguido identificarte y hoy en día es algo muy extraño que una persona no esté identificada.
- Soy yo, antes no me conocías, y ahora sabes que existo. Es verdad que no han podido identificarme. Mi identidad se perdió con mi nombre hace ya mucho tiempo. Ser un número más está bien, pero llegó un momento en mi vida en el que dejé de ser un número y pasé a ser yo.

Esta respuesta no era una sorpresa para Francisco, tenía toda la pinta de una respuesta típica de un loco, alguien que vive en su mundo paralelo y que no tiene los pies en la tierra. Sin embargo estas palabras tenían algo de verdad y Francisco sabía leer entre líneas. Hizo algunos apuntes en la ficha para no olvidar lo que se le había pasado por la cabeza.

- Vale -comenzó a decir Francisco-, parece que con respecto a tu nombre real y tu identidad no vamos a avanzar mucho. De momento lo dejaremos aparcado. Quizás quieras hablar un poco de cómo has llegado hasta aquí, ¿Sabes por qué estás aquí?
- Estoy aquí para hablar contigo.
- Sí claro -contestó Francisco mientras se apretaba el comienzo de la nariz cerrando los ojos-, estás aquí para hablar conmigo y yo estoy aquí para hablar contigo, pero no me refería a eso. Quiero decir que si sabes por qué te han detenido y por qué te han traído a este centro.

Parado se inclinó hacia delante, y adoptó una postura pensativa tocándose suavemente la barba.

- Claro, me han detenido y como no tengo un número identificativo creen que estoy loco. Y quizás lo esté, según la definición de loco que manejemos. Parece que últimamente se utiliza la palabra loco muy alegremente. Cualquier persona que piense que un mundo diferente es posible es un loco. Quizás debería empezar a utilizar ese nombre... "Loco", suena bien, aunque pensándolo bien "Parado" tiene mucho más significado para mí, así que puedes seguir llamándome Parado.

Un recuerdo sobre clases de filosofía insufribles pasó de puntillas por la memoria de Francisco. Esta reflexión sobre la locura despertó recuerdos de juventud en el doctor, sin embargo, y como profesional del tema, sabía que no debía dejarse embaucar por la dialéctica y el juego de palabras. Un loco es un loco.

- Bueno, no vas del todo desencaminado. No sé si lo sabrás, pero en este país es ilegal ir indocumentado por ahí. Es ilegal no tener un documento identificativo y si un policía te lo pide y no lo tienes, pueden detenerte. Con respecto al tema de la locura, para eso estoy yo aquí. Es verdad que estás aquí porque hay quién cree que estás loco, pero al final seré yo quién diga si lo estás o no, y ese es el objetivo de esta charla.
- Ese es tú objetivo -contestó Parado secamente-, yo he venido aquí con otra idea en mente y espero que hablando podamos cada cual buscar nuestro objetivo.
- Realmente no has venido aquí -comenzó a decir Francisco-, te han traído, estás privado de libertad y obligado a venir a hablar conmigo.
- Que no tenga la opción de no venir aquí no implica que haya venido en contra de mi voluntad. Quiero estar aquí y quiero hablar contigo, por eso no hay nada incorrecto al decir que yo he venido aquí.

El recuerdo de las clases de filosofía ya dejó de andar de puntillas y comenzó a dar fuertes pasos que retumbaron en la mente de Francisco haciendo más daño del esperado, nunca le había gustado la filosofía. Sin embargo, este hombre parecía saber más de lo normal.

- ¿Y con qué objetivo has venido aquí? -preguntó Francisco- Si has venido por voluntad propia para hablar conmigo.
- Aunque hace ya algún tiempo perdí muchas cosas -comenzó a decir Parado-, esa perdida me trajo algo que hasta entonces no había tenido y creo que es algo que te puede interesar.
- ¿Crees que tienes algo que me pueda interesar? -preguntó Francisco algo sorprendido- ¿Estás intentando sobornarme para que te declare como cuerdo?
- No, simplemente tengo algo que quiero regalarte, como quieras declararme carece de importancia. He venido hasta aquí para darte algo y si no me equivoco te gustará.

La charla había pasado de ser algo un poco extraño a ser algo totalmente inesperado y sorprendente para Francisco. No sabía cómo enfrentarse a esta situación. Sin embargo, Francisco era un hombre con recursos, y también con curiosidad, en realidad tenía más curiosidad que recursos, pero como era un hombre ordenado la curiosidad andaba algo escondida en un bonito cajón de su mente.

Sin embargo, el extraño hombre que tenía enfrente parecía tener la capacidad de desordenar todo a su paso y había tocado ese bonito cajón donde Francisco guardaba su curiosidad, y como llevaba ahí tanto tiempo no pudo retenerla y de repente una gran curiosidad inundó a Francisco que no quería otra cosa más que saber de qué narices hablaba este extraño hombre.

- ¿Y qué es eso que tienes para mi?
- Tengo una historia -contestó Parado solemnemente mientras levantaba un dedo hacia arriba y subía las cejas arrugando la frente más de lo que cabría esperar en una cara normal. Sus ojos se vieron grandes y profundos en esa extraña cara. Ahora sí que tenía toda la pinta de un loco de verdad.

Podría parecer una tontería, una banalidad, algo por lo que nadie hubiera dado nada. Pero una historia es lo más valioso que puede tener un hombre y Francisco no tenía ninguna. Desde pequeño Francisco había leído cuentos y novelas. Había devorado libros y desde muy temprana edad siempre había querido escribir algo, contar una historia al mundo, pero sin embargo nunca había encontrado una historia que contar, era lo que siempre había deseado tener y ahora tenía un hombre con el pelo largo y gris, barba y seguramente piojos, que decía haber ido hasta allí para regalarle su historia.

Francisco se sorprendió más de lo que nunca se había sorprendido. Estaba realmente ilusionado y tenía una gran curiosidad por conocer la historia de este hombre, pero sin embargo este hombre era un loco y parecía conocer lo más profundo de su ser. Este hecho perturbó un poco a Francisco y le hizo dudar, quizás había sido casualidad, no podía ser posible que este hombre, al que nunca había visto ni remotamente supiera algo sobre sus ganas de escribir o sobre su búsqueda de una historia.

- ¿Una historia? ¿No es algo raro para regalar a alguien?
- Sé que es algo que llevas buscando mucho tiempo.

Definitivamente no podía ser una coincidencia, tenía un hombre delante que decía que había ido hasta allí para regalarle una historia, aquello que llevaba toda su vida buscando sin éxito. Podría ser verdad o no, podría ser la historia que andaba buscando o no, pero el simple hecho de estar tan cerca de algo que había buscado durante tanto tiempo le hizo sonreír y de repente se sintió más feliz de lo que se había sentido nunca.