Todo es mio -cap 13- Guerra

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Despertó en mitad de la noche. Todo estaba oscuro, pero de vez en cuando la habitación se iluminaba mostrando siniestras sombras a las que acompañaban sonidos estridentes. José Luís llevaba dos semanas sin poder dormir una noche completa.

Sin embargo no era el ruido de la guerra lo que le impedía dormir, al ruido de los disparos y las explosiones se había acostumbrado. Lo que no le dejaba conciliar el sueño era la imagen de Irina ensangrentada en la biblioteca. Cada vez que cerraba los ojos veía esa imagen aterradora, ese miedo en su cara, y volvía a recordar su juventud, su amada, en cada sueño la mujer ensangrentada pasaba de ser Irina a ser Isabel, su amada, que volvía a morir en sus brazos una y otra vez, cada pesadilla terminaba en un grito desgarrador que hacía que se despertara.

Antonio estaba en la habitación con él. Desde que comenzaron a luchar ni Antonio ni Pedro se habían separado de él y se turnaban para vigilar.

- Vuelves a gritar mientras duermes.
- El sonido de la guerra nunca ha sido una buena melodía para dormir -contestó José Luís ocultando la verdadera razón de sus gritos. No había contado nada de sus pesadillas a nadie, a nadie le podría interesar su tormento del pasado.
- Pedro salió hace un par de horas, ha recibido un mensaje de Juan y ha ido a recogerle, pronto estarán aquí.
- ¿Juan? -preguntó José Luís- No le hemos visto desde que salió corriendo tras Irina, ¿se sabe algo de ella?
- Nada nuevo, Juan no ha comentado nada más, solo sabemos lo que dijo el día después de que todo comenzara, cuando dijo que todo estaba controlado y desde entonces no hemos vuelto a hablar del tema.

José Luís se levantó de la cama, el silencio de la noche era interrumpido intermitentemente por gritos y disparos, después volvía el silencio, como si nada pasara. Todas las noches eran iguales, el sonido de fondo formaba parte de su vida desde que todo comenzó, tan solo interrumpía sus conversaciones con Antonio que se suspendían cuando los gritos se acercaban demasiado, volviendo a recobrarse el hilo de la conversación tras echar un vistazo y observar que no había ningún peligro.

Tenía muchas ganas de volver a ver a Juan, el plan estaba funcionando, se habían encontrado con más resistencia de la esperada, pero con un poco de retraso todo parecía ir como debiera. Juan estaría muy contento de todo lo que habían conseguido y José Luís había sabido muy bien como moverse. En cierto sentido José Luís esperaba la aprobación y admiración de Juan por todo lo conseguido. Esta era su guerra y la estaba ganando, ahora estaba consiguiendo lo que hace cuarenta años no pudo.

De pronto Antonio se puso en pie y se acercó a la puerta rápidamente, llevándose un dedo a la boca para indicar a José Luís que guardara silencio. Cogió la pistola y se escondió tras la puerta. José Luís se movió sigilosamente hasta esconderse tras una sombra. Se oyeron pasos que se subían las escaleras apresuradamente, alguien se acercaba, entonces Antonio bajó su pistola y abrió la puerta. Había escuchado la voz de Juan y Pedro y les dejó pasar.

Tanto Juan como Pedro venían armados con fusiles. Soltaron todo el armamento sobre la cama y se produjeron varios saludos efusivos y abrazos.

- Hoy es un gran día chicos -comenzó a decir Juan después de los saludos y abrazos.
- Nos complace verte vivo después de tanto tiempo e incertidumbre, pero creo que no es para montar una fiesta -contestó Pedro con aire festivo. Todos rieron durante unos segundos creando una estampa macabra de risas entrelazándose con los gritos intermitentes de la calles. Pronto volvieron las caras de seriedad.
- Como bien sabéis -volvió a tomar la palabra Juan-, la ciudad está prácticamente tomada. Cuando amanezca habremos acabado con todos los rebeldes y será el momento de comenzar a dictar las normas de la nueva sociedad por la que tanto hemos luchado.

Juan se acercó a José Luís y le puso una mano en el hombro izquierdo.

- Todo esto ha sido gracias a José Luís, gracias a su gran intuición y sabiduría hemos conseguido lo que mi padre un día llegó a soñar.
- Tan solo he hecho lo que debía hacer -contestó José Luís con falsa modestia.

Este pequeño triunfo tenía un sabor amargo para José Luís, su vida había cambiado muchísimo en las últimas dos semanas. Había visto a mucha gente morir, había vivido mucho sufrimiento. Los primeros días había temido por su vida, pero poco a poco comenzó a perder el miedo a la muerte y a plantearse el sentido de todo aquello. Por supuesto no compartió sus dudas con nadie, le habrían acusado de traidor, habría paralizado la revolución, él estaba al mando y no podía dudar. Sin embargo lo hizo, pero el anuncio de victoria por parte de Juan le había hecho volver a creer que todo tenía sentido.

- Además -continuó hablando Juan, girándose hacia los otros dos- esto no es todo. Acaba de llegar a mí la información de que al menos ciento cincuenta ciudades comenzaron ayer a levantarse siguiendo nuestro ejemplo.
- Está sucediendo, el plan que ideamos en un principio está funcionando -Comentó Antonio algo exaltado.

Volvieron a reír durante unos segundos en la oscuridad bañada por las ráfagas de luz de la guerra que se vivía ahí fuera. De repente la cara de José Luís cambió, se quedó mirando a la pared fijamente, con gesto serio. Había visto una sombra que volvió a traer a su mente la pesadilla recurrente. Volvía a pensar en Irina.

- Hace mucho tiempo que no nos vemos Juan -comenzó a decir seriamente José Luís-, ¿qué pasó finalmente con Irina? Me gustaría que ella estuviera aquí también para poder celebrar el triunfo.

La cara de Juan pasó de la alegría a la seriedad tan pronto como escuchó el nombre. Se acercó a la cama y se sentó pesadamente. José Luís se sentó al lado de Juan.

- Bien, creo que ya es hora de que os cuente todo lo que pasó -comenzó a decir Juan-, como sabéis Irina estaba muy afectada por la muerte de Felipe y yo salí corriendo tras ella para calmarla. Sabía perfectamente hacia donde se dirigía, así que aceleré el paso y la alcancé antes de que llegara al parlamento...

José Luís seguía con mucho interés lo que Juan estaba contando. Antonio y Pedro que aún estaban de pié se acercaron un poco a Juan y se sentaron en el suelo, justo en frente, nadie quería perderse ni una palabra. Juan continuó hablando.

- Ella quería contarlo todo, no estaba en sus cabales, después de todo trabajo, después de tantos años de planificación quería echarlo todo a perder. Por suerte pude detenerla.

Juan hizo una pausa mientras la habitación volvía a iluminarse y un gran estruendo evitaba que nadie pudiera escuchar ninguna palabra. Durante ese destello todos pudieron ver la cara de Juan, con lágrimas en los ojos mientras recordaba aquel día. Al ver ese rostro Antonio examinó con más detalle las últimas palabras de Juan.

- ¿Qué quieres decir con que pudiste detenerla? ¿No la habrás...? -Preguntó Antonio alterado.
- No, por favor -contestó Juan-, no le hice nada. ¿Qué clase de monstruo crees que soy?

Antonio se sintió un poco avergonzado por haber pensado que Juan podría haber matado a Irina, después de todo era la madre de su hijo, una gran amiga y había estado a su lado en todo momento.

- Conseguí convencerla de que lo correcto era seguir con el plan -continuó diciendo Juan- que era lo más sensato y por lo que habíamos luchado. Me costó bastante hacer que volviera a razonar, pero finalmente entró en razón. Cuando estábamos volviendo hacia la biblioteca todo había comenzado, empezamos a ver a gente armada por las calles, tomando posiciones y no tuvimos más remedio que ponernos a luchar.
- ¿Entonces Irina ha estado todo este tiempo luchando con nosotros? -Preguntó José Luís esperanzado.

De repente Juan pareció aún más serio, y su voz cambió a un leve sollozo. Se le entrecortaban las palabras, pero siguió hablando.

- Estuvo luchando... Pero no sé cómo diablos ni en qué momento consiguieron armas... La semana pasada, estábamos al norte, cuando conseguimos llegar los almacenes de trigo... No parecía haber peligro, no habían ofrecido ninguna resistencia hasta entonces... Pero entonces comenzaron a oírse disparos, yo conseguí esconderme, pero Irina resultó herida.

Juan estaba llorando ahora con rabia. La iluminación intermitente de la guerra exterior mostraba los movimientos de Juan como una serie de fotos. De repente, Juan cogió a José Luís por los brazos y dijo:

- Murió entre mis manos. Murió luchando por un mundo mejor. Muchas personas han muerto luchando por esto que estamos a punto de conseguir. Tenemos que llegar hasta el fin para que ninguna de estas muertes sea en vano. Tenemos que ganar esta guerra por Irina.

José Luís no podía creérselo, después de tantas noches sin dormir, sus pesadillas comenzaban a transformarse en realidad. Otra vez volvía a morir una mujer importante para él, otra vez volvía a vivir con el odio hacia el enemigo que había matado a su amada, dos veces. Ahora tenía más claro que nunca que debía luchar hasta el final. Que debía continuar con el plan, ahora volvía a tener la confianza que un día tuvo, de repente volvió a saber qué hacer.