Todo es mio -cap 12- Plan

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Antonio se acercó a Juan y a José Luís, cogió una silla y se sentó. Respiraba con algo de dificultad, se notaba que había venido corriendo. Respiró hondo, Juan y José Luís estaban mirándole, esperando pacientemente.

- Hola -dijo Antonio finalmente-, perdonad, necesito recuperar el aliento.
- Bueno, respira un poco -contestó Juan-, acabo de contarle a José Luís el proyecto que nos traemos entre manos. Ahora que acabas de llegar quizás puedas contarle más acerca de los detalles del plan.

Antonio, ahora más relajado se secó el sudor de la frente y se limpió la mano húmeda sobre la camiseta.

- Sí, bueno, antes de nada quería hablar contigo, hay algo que tengo que contarte, tenemos un problema.
- ¿Qué problema? -preguntó Juan preocupado.

Antonio miró a Juan y después hizo un rápido gesto hacia José Luís.

- Puedes hablar delante de él -dijo Juan mirando a José Luís-, ya le he contado todo lo que tenía que saber, está informado y es de confianza.
- Se trata de Felipe, como sabrás le estaba siguiendo de cerca desde hace un par de meses, cuando nos enteramos de que andaba hablando de más.
- Sí, lo recuerdo -dijo Juan ahora con cara de preocupación-, ¿qué ocurre?
- Ha vuelto a hacerlo, no estaba seguro de que esto fuera buena idea y ha estado contando historias por ahí. La gente estaba empezando a creer esas historias y se ha convertido en un problema para nosotros.

Juan se movió incomodo en el asiento. De repente se levantó e hizo un gesto de rabia lanzando un puñetazo hacia el suelo. Luego se tranquilizó un poco, respiró y dijo:

- Vale, no pasa nada, ya ha comenzado todo, es tarde para pararlo. Pero de todas formas deberíamos tomar medidas para que perjudique lo menos posible al plan.
- En cuanto me enteré envié un mensaje a Irina, me ha dicho que ella se encarga, que no nos preocupemos, pero yo no estaría tan seguro, creo que deberíamos esperar un tiempo antes de hacer nada, ahora hay gente sospechando y esa gente puede ser muy molesta. Y también está el tema de Felipe, sabe demasiado y anda por ahí hablando con gente con la que no debería hablar.
- Bueno, no hay problema -dijo Juan ya más calmado, volvió a sentarse-, Irina sabrá que hacer, confiemos en ella. El plan debe seguir adelante, es ahora o nunca, es el momento, tenemos la oportunidad de cambiarlo todo y si esperamos más tiempo puede ser mucho más difícil.

José Luís seguía la conversación entre los dos jóvenes con interés, todavía estaba sorprendido por lo que le había contado Juan y ahora llegaba Antonio, más nervioso que nunca.

- Volvamos al plan -dijo Juan mientras ponía una mano suavemente sobre el hombro de José Luís-, José Luís tiene que saber más detalles sobre lo que nos traemos entre manos.
- De acuerdo -comenzó a decir Antonio-, no sé hasta dónde te ha contado Juan, pero bueno. Intentaré resumir el asunto. No somos un grupo aislado de cuatro locos. Hay mucha gente en el mundo que comparte nuestras ideas, y estamos organizados. En cada ciudad, en cada barrio, existe un grupo como el que tenemos aquí. Todos están informados y cuando llegue el momento atacaremos con todas nuestras fuerzas. Llevamos años planeando el cambio y estamos preparados, tenemos armas y formación estratégica, no hay nada que temer.
- ¿Armas? ¿qué tipo de armas? -Comenzó a preguntar José Luís-, nosotros teníamos armas, el ejercito estaba de nuestro lado, y sin embargo perdimos. Estábamos mucho más preparados, pero lo que me dejó en coma tanto tiempo, ¿qué pasa con eso? ¿No podrán utilizarlo otra vez y vencernos de igual manera?
- No -respondió Antonio-, los rebeldes tenían una gran ventaja en la guerra, los ejércitos subestimaron el poder del pueblo, no se esperaba una respuesta armada tan numerosa, y por otra parte, hemos estudiado todas las armas selectivas desarrolladas durante ese periodo y posteriormente, y estamos preparados, esas armas no nos afectarán. Tenemos gente de nuestro lado en casi todos los laboratorios del mundo, si se intenta desarrollar otro tipo de arma, nos enteraremos antes de que sea efectiva.
- Somos muchos -comenzó a decir Juan emocionado. Volvió a levantarse y se puso frente a José Luís-, ahora mismo somos invisibles, en todas partes, en todos los sectores de la sociedad, hay gente de nuestro lado, tenemos una gran ventaja ahora mismo.
- Vale -dijo José Luís más convencido-, parece que habéis pensado en todo. Entonces, ¿cuál es el plan? ¿Mandar la señal y atacar todos a la vez?
- Nada de eso -contestó Juan-, el plan es hacerlo de forma incremental, lo principal es tomar esta ciudad. Todo tiene que empezar aquí, cuando restablezcamos un orden social justo y coherente aquí, los demás grupos tendrán mucha más confianza en el plan, y comenzarán a actuar siguiendo nuestros pasos. Empezaremos con un objetivo simple, pequeño, y después avanzaremos cada vez más rápido hasta conquistar el mundo.

De repente se abrió la puerta de la biblioteca y entró Irina. Estaba completamente manchada de rojo, la cara desencajada, la mirada perdida y respiraba con dificultad.

- Felipe ha muerto.
- ¿Cómo? -preguntó Antonio visiblemente asustado- ¿Por qué le has matado Irina? No era necesario llegar a eso, podíamos haberle retenido hasta que todo terminara.
- No le he matado gilipollas -contestó Irina visiblemente cabreada, mirando a Antonio con furia. Volvió a mirar a Juan y continuó-, se ha volado la cabeza delante mía.

Juan se acercó lentamente a Irina, le puso los brazos sobre los hombros y trató de calmarla, ella se retiró de él, apartó los brazos de Juan con un gesto y dio unos pasos hacia atrás.

- ¡Déjame! -gritó Irina. Recobró la serenidad y manteniendo la mirada de furia continuó hablando lentamente, con la voz entrecortada, casi llorando- Después de recibir el mensaje de Antonio le seguí para intentar convencerle de que seguir con el proyecto era lo más sensato. Fue directamente al almacén donde guardamos las armas, creía que quería desvelarlo todo...

Irina hizo una pausa, se giró y se agachó con gesto de dolor. Vomitó allí mismo. Se limpió la boca con la manga de la camiseta manchada de sangre y continuó sollozando.

- Iba a quemarlo todo, quería reventar el arsenal de armas que tanto esfuerzo nos ha costado reunir, yo quería impedírselo. Le sorprendí allí e intenté convencerle de que lo dejara, pero entonces, cogió una pistola. Por un momento creí que iba a dispararme a mí, pero cuando le grité que no lo hiciera, se puso la pistola en la cabeza y se voló la cabeza allí mismo.

Juan, Antonio y José Luís miraban sorprendidos a Irina, ninguno sabía qué decir, qué hacer. Después de unos segundos de silencio, que parecieron eternos, Juan dijo:

- Tranquila Irina, ya ha pasado. ¿Qué has hecho con el cuerpo? ¿Se ha enterado alguien?
- ¡No lo entiendes! -gritó Irina empujando a Juan- Felipe se ha volado la cabeza delante de mis narices. Creí que podría soportarlo, pero no puedo.

Irina se tapó la cara con las dos manos y se encogió. De repente soltó un grito desgarrador y salió corriendo de la sala. Inmediatamente Juan se giró hacia Antonio y José Luís que seguían observando la puerta de la biblioteca sin parpadear.

- Esto no cambia nada -comenzó a decir Juan-, en todo caso hace que tengamos que acelerar las cosas si queremos conseguir algo. Es hora de moverse. Antonio -dijo Juan mientras le apuntaba con un dedo-, encárgate del tema de Felipe y el almacén, evita que se entere nadie de esto antes de tiempo.

José Luís seguía mirando la puerta, no había escuchado nada de lo que había dicho Juan, aún tenía en las retinas la imagen de Irina bañada en sangre y llorando, no podía quitarse esa cara de la cabeza.

- José Luís -dijo Juan desde el borde de la puerta-, espera a Pedro y a los demás, coméntales lo ocurrido y diles que empiecen a mover los hilos, ha llegado el momento. Ellos te dirán qué hacer.

Juan y Antonio salieron corriendo de la sala dejando allí a José Luís que no se había movido de su silla. Todo volvía a empezar otra vez, la guerra. La imagen de Irina bañada en sangre atrajo los recuerdos que José Luís había tratado de ocultar desde que despertó. La muerte de un ser amado, el dolor, el sufrimiento. Otra vez quería volver a luchar, estaba sediento de sangre, sintió como la rabia volvía a tomar el control de su mente, y ahora no hizo nada por intentar evitarlo, ahora quería sentirse furioso.

Y de repente comenzó a ver claro el plan. Comenzó a ver pequeños detalles de las últimas reuniones, a ver mensajes ocultos donde antes sólo había visto noticias, de repente supo lo que tenía que hacer, y a diferencia de la última vez que tuvo que luchar, ahora tenía la confianza de que vencería. No tuvo que esperar a Pedro para saber qué hacer, se dirigió al terminal más cercano y comenzó a escribir.