Todo es mio -cap 11- Conspiración

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José Luís llegó a la biblioteca, como cada jueves desde hacía ya un mes, para la reunión semanal de estudio de la sociedad antigua.

Había quedado con Juan una hora antes. Juan le había dicho que podían quedar antes e ir a comer algo, quería hablar con él a solas antes de la reunión.

Tras un corto minuto de espera José Luís vio como aparecía Juan por una de las calles subido en una bicicleta. Se bajó de la misma y saludó a José Luís.

- Hola, perdona, llego un poco tarde -dijo Juan y soltó una amplia sonrisa-, como siempre.
- No importa, yo acabo de llegar.
- Suelto la bici y vamos al comedor que hay aquí al lado.

Juan soltó la bicicleta y volvió rápidamente. Los dos empezaron a andar en dirección al comedor. Estaba al cruzar la calle, por lo que no tardaron nada en llegar.

Entraron en el comedor, Juan se sirvió una taza de té y José Luís cogió un poco de café recién hecho. Sin mediar palabra se dirigieron a una pequeña mesa que había en un rincón de la sala. Eran las nueve de la mañana y no había mucha gente en el comedor a estas horas, sólo estaban ocupadas tres mesas de las veinte que había.

- Bueno, ¿qué querías contarme? -preguntó José Luís tras beber un largo sorbo de café.
- Verás, es sobre un proyecto en el que llevamos trabajando mucho tiempo.
- ¿Llevamos? ¿Qué proyecto? ¿Quién más está implicado?
- Oh, mucha gente, más de la que te puedas imaginar. Es un proyecto complejo, que empezó mi padre hará ya unos diez años -dijo Juan, tras decir esto agarró la taza de te con las dos manos y tomó un sorbo-. Como ya te he contado en varias ocasiones, mi padre era como tú, de tu edad, luchó en la guerra en el mismo bando que tú.
- ¿Y de qué se trata? ¿En qué consiste ese proyecto?

Juan tomó otro sorbo de té, tranquilamente, sin prisa por contestar. José Luís no era una persona impaciente, pero esas largas pausas tras una pregunta le hacían dudar si debería insistir en la pregunta. Tras el sorbo Juan soltó la taza lentamente sobre la mesa y se inclinó un poco hacia delante acercándose a José Luís.

- Recuperemos el mundo -susurró Juan mirando fijamente a los ojos a José Luís, y se retiró rápidamente, recuperando una postura normal y volviendo a coger su taza con las dos manos.

José Luís, extrañado por las palabras no contestó inmediatamente, se tomó su tiempo para pensar en el significado de aquello. Juan se reclinó sobre la silla, dejó caer un brazo por detrás del respaldo y con la mano libre cogió la taza de té y bebió, mientras no dejaba de mirar a José Luís a los ojos.

José Luís había hablado mucho con Juan durante el último mes. Además de todas las reuniones semanales, se veían a menudo para comer o para pasear. Disfrutaba mucho de la compañía de Juan y de sus largas charlas sobre el estado actual de la sociedad y sobre la forma de vida de antes de la guerra.

Sabía que Juan no estaba contento con el sistema actual, y que, quizás por las historias de su padre, o por los muchos libros e historias que había leído, Juan veía la sociedad anterior a la guerra como una época de esplendor de la humanidad.

Rápidamente José Luís se dio cuenta de qué quería decir Juan, y al darse cuenta su corazón se aceleró, tan sólo de pensar en las implicaciones que iban implícitas en esas palabras.

- ¿Pero cómo? ¿A qué te refieres? -Preguntó José Luís, en un tono de voz similar al último utilizado por Juan.
- Sabes perfectamente a qué me refiero -contestó Juan con un tono normal y despreocupado. Acto seguido se volvió a acercar y bajó nuevamente el tono de voz-. La humanidad está en decadencia, debemos recuperar el modelo social que nos permitió avanzar, debemos volver a un mundo más justo.

José Luís no podía creerse lo que estaba escuchando. De pronto, y dado el tono de la conversación se percató de que quizás lo que se traían entre manos no debía de ser conocido por nadie más y empezó a mirar alrededor para ver si alguna de las personas que andaban por el comedor se había enterado de algo. Todo parecía normal, la gente que había allí seguía comiendo, con sus conversaciones, nadie parecía prestarles atención.

Juan le cogió del brazo y José Luís volvió a centrar su mirada en la cara de este.

- No te preocupes, como ya te he dicho, es un proyecto que comenzó mi padre hace diez años y hay mucha gente implicada en el mismo -comenzó a decir Juan-, no somos tres locos contra el mundo. Es una realidad que hay mucha gente descontenta y por eso no es nada descabellado.
- ¿Pero por qué? -José Luís empezó a dudar, ya no era el joven que un día fue, ahora ya no tenía ganas de luchar- En todo el tiempo que he estado aquí no he visto tanto descontento.
- No lo habrás visto, pero existe. Ya lo hemos hablado varias veces, y sé que estás de acuerdo conmigo. Esta sociedad no es nada justa. Muchas personas trabajamos muchísimo y no se nos recompensa, hay muchísima gente que se pasa el día cantando y durmiendo y luego comen el pan que yo he fabricado o utilizan las duchas limpias que yo acabo de recoger. No hay ninguna motivación para trabajar y cada vez más gente se está acomodando, la sociedad está en decadencia y si seguimos así, muy pronto nadie hará nada, viviremos como lagartos todo el día al sol, hasta que nos muramos de hambre.
- Pero... -comenzó a decir José Luís, dudando- sí, estoy de acuerdo contigo, pero ¿por qué me cuentas esto a mi? Ya soy un viejo, no puedo aportar nada.
- Te equivocas -contestó Juan efusivamente-, eres la pieza más importante del puzzle. Tú eres una de las personas que tiene los recuerdos más frescos de cómo se vivía antes. Eres la última persona que quedaba por despertar después de la guerra, tú eres la persona que puede movilizar a todo el mundo para comenzar el cambio. Tus palabras son el arma más poderosa que tenemos.

Juan se levantó y cogió su taza de la mesa. Le dio el último sorbo para terminar con el poco té que le quedaba y dijo:

- Volvamos a la biblioteca, te contaré más detalles allí.

José Luís le siguió y en cinco minutos estuvieron dentro de la sala donde solían hacer las reuniones del grupo de estudio de la sociedad antigua.

- Todo el grupo de estudio no es más que una tapadera -comenzó a decir Juan-, realmente toda la gente que viene aquí cada jueves está informada y forma parte del plan. Como este grupo existen muchos alrededor del mundo y estamos coordinados, pero todo esto tiene que comenzar aquí, tiene que comenzar por nosotros. Tenemos los medios y la oportunidad, ahora es el momento de actuar.

De repente se abrió la puerta de la biblioteca y entró Antonio en la sala.

- Qué oportuno -dijo Juan-, Antonio llegando a tiempo, como siempre. Bien, José Luís, Antonio nos contará más detalles sobre el plan, pero antes, esperemos a que llegue todo el grupo. Hoy es el día en el que comenzaremos a cambiar el mundo.