Todo es mio -cap 10- Mundo

danigm's picture

Juan entró en la sala seguido de Antonio y José Luís. Era una gran habitación, las paredes estaban cubiertas por estanterías gigantescas llenas de libros. También había varios terminales repartidos por la sala.

Al lado de la puerta había un montón de sillas apiladas, Juan cogió un par de sillas del montón y las colocó en el centro de la sala.

- Puedes sentarte José Luís -dijo Juan señalando una de las sillas. Al mismo tiempo que Antonio colocaba una tercera silla al lado y se sentaba.
- Gracias -dijo José Luís acercándose a la silla.

Los tres estaban sentados en el centro de la sala, sólo tres sillas alineadas, formando una ligera curva. Juan cogió su silla, la puso frente a las otras dos y se sentó con el respaldo hacia delante cruzando los brazos sobre el respaldo.

- Bien, es genial que te hayas decidido a venir a una reunión. Será muy interesante para todos nosotros el poder contar con alguien que realmente ha vivido en la sociedad que estudiamos -comenzó a decir Juan.
- Es un placer -dijo José Luís-, todo ha cambiado mucho, ya casi nada es como lo recuerdo.
- Todo ha cambiado mucho más de lo que crees -dijo Antonio-, lo que has visto no son más que pequeños cambios en la sociedad y la vida en la ciudad, pero el cambio ha sido global. Todo el mundo ha cambiado. Según las películas y los documentos que tenemos por aquí el mundo en general ha cambiado muchísimo en tan poco tiempo.

José Luís miró a Antonio algo sorprendido. Era un personaje algo particular, parecía nervioso y constantemente miraba el reloj. Le incomodaba un poco la presencia de Antonio.

- Sí, durante el tiempo que llevo despierto he estado leyendo noticias y algunos libros -contestó José Luís mirando a Antonio-. La verdad es que me ha sorprendido mucho que ya no haya vuelos diariamente. He visto un estudio sobre las migraciones de gente en los últimos años y no tiene nada que ver con lo que había antes.
- Mantener el nivel de aeropuertos y aviones con el sistema social actual no es viable, se han desarrollado medios de transporte más eficaces energéticamente -comenzó a decir Juan-, pero no son tan rápidos. Los trenes están bien y actualmente casi todos utilizan energías limpias para funcionar. Sin embargo los trayectos entre continentes siguen siendo muy pesados. Tenía que ser genial poder viajar en un mismo día de Europa a Australia.
- Sí, bueno -contestó José Luís-, en realidad yo nunca realicé un viaje en avión que saliera de Europa, pero sí, había gente que viajaba alrededor del mundo constantemente.

Juan dio la vuelta a su silla y se sentó más cómodamente, acercándose un poco más a José Luís, y comenzó a hablar en un tono un poco más serio:

- Como sabrás, la guerra no fue un enfrentamiento local. El sistema económico y social que había antes era algo global y las revueltas se fueron extendiendo de un país a otro como una plaga. La red ayudó mucho a difundir el conocimiento y a la organización de los grupos rebeldes. Por eso el último intento para frenar esto del sistema anterior nos dejó un mundo prácticamente desconectado, se cargaron lo que se conocía como internet.
- ¿Pero cómo es posible eso? -preguntó José Luís asombrado- Si hoy en día hay terminales por todas partes, y he visto que no es algo local, hay comunicación internacional.
- Sí, es verdad -contestó Juan-, en realidad la red que hay actualmente es una red secundaria, totalmente descentralizada que se formó por voluntarios rebeldes poco antes de que cortaran la antigua red. Por eso no sirvió de nada el que acabaran con internet. Para cuando lo hicieron ya existía otra red totalmente funcional, y realmente distribuida. Por supuesto la red que tenemos ahora no es nada comparado con lo que había antes. Se han hecho muchos avances en cuanto a velocidad de transferencia y demás, pero hoy en día sigue primando la privacidad y la distribución de la red y el contenido antes que la velocidad o la cantidad de información que se pueda transmitir.
- Pues pensándolo bien -comenzó a decir José Luís-, es algo bastante sorprendente que en este tipo de sociedad exista algo tan complejo y delicado como una red de comunicación internacional. Si no hay empresas que se encarguen de eso, quién se preocupa de mantener las instalaciones, los servidores, los cables, es extraordinario que esto funcione.
- Pues sí, es una de las maldiciones de la sociedad actual. No puede haber confianza plena en nada. No puedes fiarte de que mañana puedas hablar con la gente de América porque puede que un cable o una conexión se rompa y no haya nadie que quiera arreglarlo. Sí, realmente siempre puedes ir tú, ver el problema y arreglarlo, pero para ello hay que tener unos conocimientos avanzados que te llevaría mucho tiempo aprender.
- En mis tiempos era todo mucho más fácil -dijo José Luís-, si había algún problema llamabas al servicio técnico, había una empresa detrás de cada servicio, podías confiar en que si algo no funcionaba habría alguien encargado de arreglarlo.
- Pues todo ha cambiado. A nivel mundial -empezó a decir Juan-, no existe ninguna empresa, ninguna entidad que te ofrezca confianza sobre algún servicio o producto. No existe el dinero, por lo que no hay inversión ni motivación para hacer estudios prácticos sobre nuevas tecnologías.
- Pero Irina me ha contado que actualmente todo el mundo tiene estudios superiores, o algo correspondiente, todas las universidades siguen funcionando y el acceso es totalmente libre -dijo José Luís.
- Sí, es verdad -contestó Antonio-, hoy en día todo el mundo estudia lo que más le interese, pero el estudio en las universidades se ha orientado muchísimo hacia la teoría puesto que ya no se necesita financiación para funcionar. Y los estudios más prácticos como ingenierías o estudios técnicos se han ido olvidando, puesto que su principal motivación era la formación para desempeñar un trabajo en una sociedad que ya no existe.
- Por lo tanto -retomó la palabra Juan-, hoy en día el nivel medio de cultura ha subido. Las ciencias como las matemáticas, la física, la biología, son lo más valorado, junto con las artes. Creo que hace falta otro tipo de motivación para incentivar el avance tecnológico similar al vivido en el siglo veinte.
- Tampoco sería justo decir que no ha habido avance tecnológico desde el cambio de sociedad -puntualizó Antonio.

Antonio se levantó de su silla, se dirigió a una de las estanterías y cogió uno de los libros. Había una foto de la luna en la portada. José Luís miró extrañado como volvía a su silla Antonio sonriendo. Parecía entusiasmado.

- Como puedes ver aquí -comenzó a decir Antonio enseñando el libro a José Luís-, poco después de la guerra se relanzó la exploración espacial, que parecía estar parada desde la guerra fría. Poco tiempo después se consiguió llegar a la luna, con un nuevo tipo de transporte unipersonal impulsado por energía nuclear. Fue un gran avance y actualmente existe una base permanente en la luna. Ya hay incluso una generación que ha nacido en la luna y que nunca ha visitado la tierra.

José Luís estaba asombrado ante la charla de Antonio. No sabía nada acerca de la base lunar, le extrañaba no haber escuchado nada sobre eso desde que había despertado.

- Sí, bueno, hubo un gran avance tecnológico justo después de la guerra -comenzó a decir Juan-, pero últimamente la exploración espacial está de capa caída. Hace muchísimo tiempo que nadie viaja a la luna. Es verdad que desde la estación lunar han viajado a marte y ha habido investigación y naves para intentar salir del sistema solar, pero en realidad hoy en día la gente de la luna está desconectada de la tierra, y desde la tierra parece haberse perdido el interés por volar. Las nuevas generaciones parecen estar interesadas sólo en la filosofía y el arte y el avance de la humanidad está parado. Está claro que necesitamos un cambio para que la decadente sociedad vuelva a la innovación tecnológica y al avance.
- Recuerdo que había mucha investigación y tecnología -dijo José Luís-, los gobiernos dedicaban grandes cantidades de dinero en investigación militar, pero sobretodo eran las grandes empresas, en el mundo globalizado las que invertían mucho dinero en tecnología que pudiera dar un gran beneficio. En este tipo de sociedad, sin el dinero, tiene que ser imposible emprender un proyecto de gran envergadura que englobe a mucha gente. Si no existe el dinero ni el trabajo, cómo puede llevarse a cabo un proyecto complejo.
- Como hemos estado hablando -contestó Juan- no es posible.

En ese momento un grupo de cinco personas entró por la puerta. Antonio miró su reloj nuevamente y dijo:

- Pues parece que ya es la hora, está empezando a llegar la gente, José Luís, ven, te presentaré al resto del grupo.

Mientras Antonio presentaba a José Luís ante el grupo de gente que había llegado, otra persona entró en la sala. Era Irina. José Luís observó como Juan se acercó a ella y la saludó agarrándola por la cintura y dándole un par de besos. José Luís había pasado casi todo el tiempo que llevaba desde el coma con ella y había comenzado a sentir algo, por eso el ver cómo la besaba Juan le molestó un poco. Pero en realidad era una tontería, José Luís ahora era un viejo, e Irina no era la mujer de la que él había estado enamorado en su juventud, por mucho que le recordara a ella, por mucho que despertara viejos sentimientos.

José Luís se vio recordando el odio, todo lo sentido durante la guerra, todos los recuerdos que había dejado atrás y que quería olvidar. Se dio cuenta de que estaba muy tenso, con los puños cerrados, volvió su atención a la gente que tenía alrededor y comenzó a relajarse un poco.