Todo es mio -cap 09- Hijos

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Antonio miró su reloj por cuarta vez desde que estaba allí, sólo habían pasado tres minutos, pero ya comenzaba a impacientarse. Había llegado cinco minutos más tarde de la hora prevista, pero no creía que Juan no hubiera esperado ni cinco minutos. Tenía que ser Juan el que se estaba retrasando nuevamente.

Antonio comenzó a andar en la plaza, de un lado para otro, girándose cada cinco pasos. No había mucha gente en la plaza a esa hora de la mañana. No tenía motivos para impacientarse, sabía que Juan siempre se retrasaba, y no era la primera vez que tenía que esperarle, pero esta vez era diferente, habían quedado con otra persona y el retraso de Juan le haría quedar como impuntual a él, y eso le molestaba mucho.

Juan apareció por una de las calles que desembocaban en la plaza, levantó una mano en forma de saludo y Antonio contestó de igual forma, pero con desgana.

- Hola Antonio -dijo Juan mientras llegaba-, ¿qué tal va todo? ¿llevas mucho rato esperándome?
- No, que va -contestó Antonio quitándole importancia, aunque en el fondo sí que le importaba- llevo unos diez minutos aquí. Vamos o llegaremos tarde -apremió Antonio y comenzó a andar con paso ligero.
- Lo siento, he estado viendo a mi hijo, hoy es su cumpleaños.
- ¿Otra vez has estado viéndole? Pero si vas todos los días a verle, ayer mismo estuviste dos horas, no sé que haces allí tanto tiempo. -Dijo Antonio con cierto desprecio.
- Ya te he dicho que es su cumpleaños. Un padre debe estar con su hijo el día de su cumpleaños. Ya tiene tres años.
- Sigo viéndolo como una perdida de tiempo, para eso están las escuelas y los cuidadores. Si te interesa la educación siempre puedes estar unas horas como cuidador en cualquiera de las escuelas.

Giraron a la derecha, Antonio miró el reloj nuevamente y apretó un poco el paso. Juan tuvo que correr un poco para poder ponerse a su altura.

- Sabes que estoy totalmente en contra del sistema educativo actual. Cada persona debería encargarse de criar y educar a sus propios hijos, y no parir y dejarlos en una escuela para que el sistema se encargue de todo. Mucha gente no ve a sus hijos nunca, y cuando los vuelven a ver ni siquiera saben que son suyos. -Dijo Juan algo molesto, ya habían discutido sobre este tema varias veces y le molestaba que a Antonio le gustara tanto el sistema actual.
- Pues a mi me gusta, hay mucha gente que no puede encargarse de criar y educar a un niño, es algo que requiere un mínimo de conocimientos y dedicación.
- ¡No me lo puedo creer! -Gritó Juan- Otra vez estamos con la misma historia. Te lo he explicado millones de veces, la educación es la base de la sociedad. La herencia genética es sólo una parte de lo que eres, la educación, es otra parte y es la herencia más importante que debería recibir de sus padres un crío. La educación es lo te define cómo y quién eres, si todos recibimos la misma educación todos seremos iguales, clones, copias con las mismas ideas y los mismos pensamientos.
- ¿Crees que soy un clon, una simple copia? -dijo Antonio aparentemente molesto- Yo me he criado en una escuela actual y he aprendido muchísimo. No conozco a mis padres, y en ningún momento lo he necesitado. ¿Te crees superior porque tu padre no te llevó a una escuela y te crió personalmente?
- No quería decir eso -dijo Juan intentando calmar a Antonio- es sólo que creo que la forma actual no es la más adecuada.

La pareja cruzó por otra gran plaza, llena de gente, era el día del mercado y la plaza estaba llena de estantes con comida y productos artesanales. Había mucha gente paseando entre los puestos, gente hablando con los encargados de los diferentes puestos, gente que iba a coger algún pastel a un puesto y luego se iba a ver las marionetas del centro de la plaza.

- Hay mucha gente en el mercado hoy -dijo Juan asombrado.
- Sí, parece que el buen tiempo hace que todo el mundo quiera salir a dar una vuelta. Es agradable desayunar en la plaza con el sol en lugar de en un comedor -comentó Antonio.
- Estamos a punto de llegar, hemos quedado al cruzar la plaza, allí junto a la puerta de la biblioteca.
- Llegamos tarde, para ti no es algo nuevo, pero yo no suelo retrasarme, es una falta de respeto -dijo Antonio, ahora sí que parecía molesto.
- Sabía que te había molestado -comentó Juan entre risas-. Eres un maníaco del tiempo. Nadie es tan puntual como tú, si llegas el primero siempre tendrás que esperar.

Llegaron al punto de encuentro, y allí no había nadie. Antonio miró alrededor algo molesto y se cruzó de brazos.

- Pues parece que tienes razón, no ha llegado aún. Puede que sea verdad que yo sea la única persona que es puntual. Quizás mi reloj está mal -dijo Antonio resignado.
- Venga, no te pongas así, podemos esperar cinco o diez minutos a que llegue, hemos quedado con el grupo dentro de media hora. Tenemos tiempo de margen.
- ¿Y qué opina Irina de que visites todos los días a vuestro hijo? -Dijo Antonio cambiando de tema.

A Juan le sorprendió la pregunta, no se esperaba una pregunta tan personal, Antonio no era de esas personas que se preocuparan por las relaciones personales.

- Ya sabes cómo es. No le importa lo más mínimo lo que yo haga mientras que no le afecte a ella -contestó Juan.
- Pero Irina no piensa igual que tú sobre la educación. Le gusta el sistema actual y la liberación que supone para los padres y sobretodo para las madres.

Juan se movió algo nervioso, miró al cielo un rato y después dijo:

- Está bien, dejemos el tema de los hijos. He llegado un poco tarde porque he estado con mi hijo, ya está, no hagamos una montaña de un grano de arena. Mira, por ahí viene.

José Luís apareció entre la gente saludando, llegaba un poco tarde, pero no parecía preocupado por eso.

- Hola, me ha costado un poco encontrar el lugar, después de una semana aquí no me hago con la ciudad, las bicicletas y el sistema caótico de movimiento de gente de aquí para allá -dijo José Luís al llegar.
- Bueno, entremos, quiero hablar contigo antes de que llegue todo el mundo y comencemos la sesión de hoy -dijo Juan mientras guiaba a José Luís hacia la biblioteca.

Antonio les siguió, mascullando entre dientes por la falta de respeto y la inpuntualidad de todo el mundo.