Todo es mio -cap 08- Salud

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La luz entraba por la ventana, ya era de día. Desorientado, y aún entre sueños, José Luís abrió los ojos y poco a poco volvió a recordar el día anterior.

Había una nota bajo la puerta, Irina se había ido, no había querido despertarle.

"
Tengo que irme, come algo, dúchate y cámbiate de ropa, luego busca el hospital de la ciudad. Voy a ayudar hoy un poco allí. No tengas prisa.

Irina.
"

Estaba sólo, no sabía qué hacer, así que siguió las instrucciones de la nota de Irina al pié de la letra. Salió del dormitorio y se dirigió al primer comedor que encontró. Se sentía como en casa ajena, no estaba cómodo. Toda la gente con la que se cruzó en su camino al comedor le saludó amablemente y siguió su camino.

Al entrar al comedor cogió una manzana y un vaso de zumo. Echó un vistazo a las mesas y se dio cuenta de que no había ninguna libre. Parece que se había levantado a la misma hora que todo el mundo. En una de las mesas cercanas, un joven que estaba tomando una taza de té vio dudar a José Luís y le hizo un gesto para que se acercara. José Luís dudó un momento y se acercó a la mesa, saludó y se sentó al lado del joven.

Alrededor de la mesa había cinco sillas, pero tan solo dos de ellas estaban ocupadas. José Luís se sentó al lado del joven.

- Hola -comenzó a decir el joven-, me llamo Manuel y ella es Isabel. Tu nombre es José Luís, ¿no es así?
- Sí -contestó José Luís algo confuso-, así es, ¿cómo sabes mi nombre? ¿nos conocemos de algo?
- Eres algo famoso ¿sabes? -dijo la chica- Eres el último que ha despertado, estás en todas las noticias. Es todo un logro médico que hayas despertado después de tanto tiempo y que estés hoy aquí andando. Soy estudiante de medicina y he estudiado en detalle todos los artículos y estudios sobre la regeneración muscular, en tu caso se han utilizado técnicas experimentales que al parecer han dado muy buen resultado.
- ¿Han estado experimentando conmigo mientras estaba en coma? -Preguntó José Luís ofendido.
- Bueno, esos experimentos han permitido que estés caminando por tu propio pie hoy en día, así que deberías estar agradecido.

José Luís terminó su zumo y mordió la manzana. En realidad no le importaba lo que hubieran hecho con él mientras estaba inconsciente. Seguía vivo y eso era lo que importaba ahora.

- ¿Y estás sólo el segundo día? ¿No tienes ningún guía que te enseñe como funciona todo? - Empezó a preguntar el joven - Según tengo entendido, todo es diferente a como era antes de la guerra.
- Sí -contestó José Luís-, Irina me acompaño durante el día de ayer, tengo que ir a buscarla al hospital, me ha dejado una nota diciendo que iba a ayudar allí.

La cara de Isabel se iluminó, se dibujó una gran sonrisa en su cara. Se levantó de golpe y dijo:

- ¡Genial! Yo te llevaré. Voy para allá a ayudar también, tengo planeadas una par de cirugías para hoy.
- Espera que terminemos el desayuno ¿no? - dijo Manuel.

Isabel se sentó y esperó impaciente hasta que Manuel y José Luís terminaran de comer.

El hospital era un edificio grande, había gente entrando y saliendo del edificio y un par de ambulancias en la puerta. Eran los primeros vehículos no manuales que veía José Luís desde que despertó.

Al entrar por la puerta se encontraron con Irina, vestía una bata verde y estaba allí de pie charlando con dos personas más. Irina saludó a Isabel, parecían conocerse. Después de unos minutos de charla Isabel y las otras dos personas se marcharon, dejando sólos a Irina y a José Luís.

- Bienvenido al gran hospital- Comenzó a decir Irina mientras gesticulaba con sus brazos intentando dar solemnidad a sus palabras.
- Hola, he conocido a Isabel en el comedor, es una chica muy agradable. Me ha contado que soy famoso, he salido en las noticias y eso.
- Sí, eso parece. Pero no te emociones, la fama es efímera. Ven, ya he terminado aquí por hoy, tenemos que hacerte un par de pruebas hoy para ver cómo estás de salud, y ya de paso te cuento un poco cómo funciona todo esto.

Comenzaron a andar por un largo pasillo hasta llegar a una sala de espera con varias sillas. Al final de la sala de espera había una puerta.

- Espera aquí, voy a ver si está la máquina libre para hacerte las pruebas. - Dijo Irina mientras se acercaba a la puerta.

José Luís se sentó en una de las sillas y observó un poco el ajetreo del hospital. Había gente moviéndose, camillas, personas con bata, sin bata, pero dentro de todo el caos, todo parecía funcionar.

Irina volvió a aparecer por la puerta en cuestión de minutos y llamó a José Luís para que fuera para allá. Entraron en la sala. Había una camilla y una gran máquina al lado.

- Siéntate aquí y ponte cómodo, te haré unas cuantas pruebas - dijo Irina mientras sacaba algunas agujas y colocaba algunos cables sobre José Luís.

Irina se movía con soltura con la maquinaría médica, José Luís se relajó, pensó que no tenía por qué preocuparse, y comenzó a hablar mirando al techo para no centrar su atención en las agujas.

- Bueno, ya me contaste que no existe el trabajo como tal hoy en día, ¿y cómo funciona el hospital? Aquí hay médicos trabajando, Isabel mismo me ha dicho que hoy tenía un par de cirugías.
- Sí, hay médicos, hay mucha gente que ha estudiado medicina y que está capacitada para ejercerla. Y si te pones enfermo o tienes un accidente, seguro que habrá alguien que te ayudará. Pero como ya te dije, no es un trabajo. Es algo voluntario. Y resulta que la medicina es una de las actividades en las que hay más voluntarios. Todo el mundo quiere aprender de medicina, son conocimientos muy útiles que mejoran el bienestar de la sociedad al completo.
- ¿y cualquiera puede operar? ¿cualquier persona puede diagnosticar una enfermedad? Pero eso no puede ser.
- Es así - dijo Irina mientras pinchaba con una aguja a José Luís -, por supuesto hay gente con más experiencia que otra y normalmente nadie realiza una operación sin supervisión de un maestro médico. También hay una especie de jerarquía de confianza por experiencia y méritos. En el fondo conocemos a todos los que trabajan normalmente en el hospital y conocemos quién es alumno de qué maestro.

Irina dio la vuelta a la camilla y comenzó a teclear en un terminal que estaba conectado a la máquina médica. Después de unos segundos, comenzó a desenchufar cables.

- Muy bien, parece que todo está correcto, podemos irnos, estás muy sano y parece que tu organismo funciona con normalidad.

José Luís se levantó de la camilla con dificultad. Salieron de la habitación.

- Bien, ¿a dónde vamos ahora? - Preguntó José Luís mientras seguía a Irina por los pasillos.
- Vamos a llegarnos a la farmacia a tomar algunas medicinas y vamos a tomar una ducha que lo necesito después de tanto ajetreo, llevo aquí más de cuatro horas.

Pasaron rápidamente por una sala en cuya puerta había una cruz verde. Irina cogió un par de pastillas que dio a José Luís. Este se las tomó sin rechistar, a estas alturas ya nada le sorprendía. Se dejaba llevar, era lo más fácil.

Mientras salían del hospital recordó la noche anterior. Le había dejado un mensaje a Juan. Tenía curiosidad por ver si le había contestado, tenía ganas de hablar con alguien del pasado, de su todavía presente, este mundo era una locura, todo parecía funcionar, la gente parecía feliz, pero nada tenía sentido para él.