Todo es mio -cap 07- Dormitorio

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Eran las dos de la madrugada, Irina le había tenido todo el día de arriba para abajo sin parar, enseñándole cosas. Después de la cena a las nueve de la noche, José Luís ya estaba cansado, pero Irina insistió en que debía celebrar su primer día en el nuevo mundo y fueron a ver uno de los numerosos espectáculos que se celebraban cada noche en las plazas.

A José Luís le había sorprendido el poder caminar por la ciudad sin el ruido de los coches, respirando el aire limpio. Había mucha gente en las calles, niños jugando, gente paseando, incluso a esas horas de la madrugada había mucha gente.

Irina le había explicado que al no haber propiedad privada, ni dinero, los robos habían desaparecido. Ya no tenía sentido, era una palabra que ya no significaba nada. Por supuesto que había agresiones y peleas, pero normalmente se resolvían gracias a la intervención de otros ciudadanos.

La policía como tal también había desaparecido, no había ningún cuerpo oficial, según le había contado Irina, ahora la protección de los más débiles frente a los más fuertes era una responsabilidad social.

Entró en la habitación, con las sábanas que había cogido en la entrada, tal y como le había dicho Irina. Habían tenido que subir hasta la cuarta planta para encontrar un par de habitaciones que no estuvieran ya ocupadas, Irina se había quedado en la habitación contigua y había indicado a José Luís en qué habitación entrar.

La habitación no era gran cosa, cuatro paredes de color pastel, un ventanal frente a la puerta, que a estas horas de la noche, permitía la entrada de la luz de la luna. José Luís encendió la luz y observó con más detalle. Había una cama y un escritorio con un terminal.

A José Luís el edificio de dormitorios le recordaba a un hotel o una pensión. Según le había contado Irina, casi todos los edificios de la ciudad eran dormitorios, funcionaban igual que los vestidores o comedores, eran servicios básicos de uso común. Cuando alguien quiere descansar sólo tiene que ir a uno de estos edificios, encontrar una habitación que no esté ocupada y ocuparla. El único requisito es dejar la habitación tal y como se la había encontrado y soltar las sábanas en el cesto de la entrada. Las sábanas, al igual que la ropa de los vestidores, eran lavadas y revisadas por equipos de personas voluntarias.

La habitación tenía un pequeño cuarto de baño, José Luís soltó las sábanas sobre la cama y entró en el pequeño cuarto de baño. Se miró al espejo sin reconocerse. Aún no podía creer que hubiera perdido tantos años de vida en una cama. Ahora era viejo. Se lavó la cara y se quedó ahí frente al espejo unos minutos, observando su cara. Se acordó de su padre, ahora se parecía mucho a él.

Colocó las sábanas lo mejor que pudo. Estaba bastante cansado, el día había sido bastante largo y ajetreado. Había visto muchas cosas y conocido un mundo completamente nuevo para él. Estaba empezando a asimilar los conceptos, la forma de funcionar del nuevo mundo.

Irina era encantadora y muy atractiva. Él era un viejo, estaba sólo en este nuevo mundo, todas las personas que una vez había conocido ahora estaban muertas. No conocía a nadie, pero ahí estaba Irina, acompañándole en cada momento, guiándole por este nuevo despertar, y José Luís empezaba a sentir algo hacia ella. Sabía que era una tontería, que era demasiado mayor, que ella era demasiado joven para interesarse por él.

De todas formas, nada de eso era importante ahora. Comenzaba a recordar sentimientos olvidados, sentimientos que una vez vivió, en otro mundo que ya no existe, sentimientos relacionados con una mujer a la que un día amó, pero que nunca volverá a ver. Comenzó a recordar por qué se alistó en el ejercito para luchar contra los rebeldes, por qué quería morir en la guerra o acabar con todos. Sentado en la cama comenzó a recordar el odio. El odio hacia la gente que venció, el odio contra la gente que había definido el nuevo orden social en el que había comenzado a vivir.

Se tumbó sobre la cama. Esos sentimientos, aunque en su mente eran recientes, ahora carecían de sentido, había pasado mucho tiempo. Demasiado tiempo para seguir cabreado con el mundo por la muerte de la que un día fue la mujer que quiso, la joven que un día murió entre sus manos y que ahora volvía a su mente por el contacto con otra mujer, por Irina.

Se incorporó, no sin esfuerzo y trató de recobrar la compostura. Todo había cambiado. Había pasado mucho tiempo. Ya nada de eso tenía sentido. Era hora de olvidar su pasado, pero no de olvidar quién era, ni tampoco de olvidarla a ella, a ella nunca podría olvidarla.

Se secó las lágrimas, tenía que eliminar esta corriente de pensamiento de su mente, salir de esta espiral de odio y nostalgia. Se levantó y se dirigió al terminal. Irina le había creado un usuario, le había comentado un poco por encima cómo funcionaba, pero no estaba seguro de poder manejarse en un terminal después de cuarenta y dos años.

Encendió el terminal y automáticamente en la pantalla aparecieron dos campos para introducir el nombre de usuario y la contraseña. La interfaz era austera, nada comparado con las interfaces coloridas que él recordaba. Texto negro sobre fondo blanco. Además la pantalla era algo diferente, parecía papel.

José Luís buscó en sus bolsillos hasta que encontró el trozo de papel en el cual tenía apuntadas sus credenciales, las introdujo y rápidamente comenzó a aparecer contenido en el terminal. Al principio todo era confuso, pero en poco tiempo se hizo con la interfaz.

Leyó algunas noticias y opiniones, pero realmente dada su desconexión del mundo actual no entendió gran cosa. Al cabo de un rato leyendo aquí y allá se acordó de Juan y pensó que sería interesante hablar con él, tenía que conocer a otras personas como él. Buscó en sus contactos y encontró a Juan entre ellos, y le escribió un mensaje.

Estaba demasiado cansado, había sido un día muy largo. Era hora de descansar. Se quitó la ropa, apagó la luz y se echó en la cama. Recuerdo fugaces de su vida sobrevolaban su mente, pero José Luís no quería recordar, no quería volver a ese sentimiento de tristeza así que esquivó todo recuerdo como pudo y volvió a pensar en Irina y en el nuevo mundo hasta que sin darse cuenta los pensamientos se mezclaron con sueños y la realidad se difuminó entre sueños.