Todo es mio -cap 06- Sociedad antigua

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Cinco personas esperaban pacientemente en una pequeña sala, sin iluminación natural, ni ventanas, ni puertas con cristales, no había ninguna referencia al exterior. Algunos estaban sentados, otros tomaban un café mientras discutían tranquilamente sobre algún tema sin importancia.

De repente se oyó un ruido cercano a la puerta, alguien se acercaba, las conversaciones pararon y todos los allí presentes miraron instantáneamente hacia la puerta. La puerta se abrió y Juan, Pedro y Antonio entraron en la sala.

- ¡Buenas noticias! -dijo Juan nada más entrar en la sala, levantando los brazos y con una gran sonrisa en la cara- Hoy es un gran día, estamos todos ¿verdad?, bien, vamos a ir sentándonos y empecemos la reunión cuanto antes.

Hubo una serie de saludos entre los ya presentes en la sala y los que acababan de llegar y rápidamente se fueron sentando todos en las diferentes sillas.

Las sillas estaban colocadas formando un circulo, dejando un hueco en el centro no demasiado grande. Había alguna silla de más que se apartó para que el circulo se redujera.

- ¿Qué es lo que te hace tan feliz hoy Juan? -Dijo uno de los asistentes mirando a Juan con expectación.

- Lo que tanto tiempo llevamos esperando -dijo Juan con un tono de voz lo suficientemente bajo para que el sonido no saliera del circulo formado por los presentes-, por fin se ha despertado el último. Y parece estar en buena forma.

Esta frase provocó una serie de comentarios y murmullos.

- ¿Realmente crees que es necesario involucrar a esta persona? Ya sabes lo que pasó con el último que intentamos integrar. Teníamos mucho avanzado y nos hizo bastante daño, aún nos estamos recuperando, y hay mucha gente sospechando, tenemos que tener mucho cuidado. -Dijo uno de los asistentes mayores, tenía el pelo blanco y unas gafas de cristales redondos.

- Sí, Germán -contestó Juan firmemente-. Creo que es necesario, este hombre ha vivido en esa época, es necesario que esté de nuestro lado y que nos ayude.

- Además -continuó Juan- es Irina la encargada de su supervisión. No podíamos haber tenido más suerte.

- Sí, es genial -empezó a decir Antonio- Irina está haciendo un gran trabajo, lleva mucho tiempo moviéndose por círculos bastante peligrosos y siempre consigue convencer a todo el mundo de que haga lo que tiene que hacer.

Juan se levantó y comenzó a andar alrededor del circulo de asistentes. Llevaba las manos a la espalda y andaba erguido, mirando al techo. Los demás asistentes no sabían a donde mirar, la mayoría optó por mirar hacia delante, aunque alguno seguía con la cabeza el movimiento de Juan.

- Señores -comenzó a decir Juan, en un tono bastante elevado-, creo que llegados a este punto, todo el mundo sabe exactamente lo que tiene que hacer.

Terminó de dar la vuelta al circulo de asistentes y con un movimiento rápido, cogió su silla y se sentó nuevamente.

- Que cada cual continúe haciendo su trabajo en su área de influencia -dijo en un tono casi inaudible-, y que nadie utilice la red para otra cosa que no sea quedar para estas reuniones. A partir de ahora no podrá venir nadie que no conozcamos perfectamente. Pronto José Luís, el último en despertar, se pondrá en contacto con nosotros, y empezaremos a movernos de verdad.

- ¿Y qué pasa con los grupos de las demás ciudades? -Preguntó Antonio- ¿seguimos informando y trasmitiendo lo que está pasando? Creo que aún no saben nada de José Luís.

- Por ahora nada -contestó Juan-. Cuando llegue el momento informaremos al resto de grupos. Ahora mismo no necesitan saber qué es lo que está pasando aquí.

Juan se levantó nuevamente y se dirigió hacia una estantería donde había una serie de libros y empezó a buscar alguno con poco interés. Mientras tanto, los demás asistentes separaron un poco las sillas.

Juan cogió un libro de la estantería en el cual se podía leer "El dinero, comercio antes de la guerra". Lo abrió y lo ojeó por encima, buscando ninguna página en concreto.

- Bien -comenzó a decir Juan- Comencemos con la sesión de hoy del grupo de estudio.