Todo es mio -cap 04- Otros

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- Espera, voy a avisar a algunos amigos antes de salir- dijo Irina mientras se dirigía hacia una pantalla y un teclado que había junto a la pared-.

Irina comenzó a teclear y en el terminal comenzaron a aparecer letras formando palabras rápidamente.

- Vamos a quedar con Juan, -comenzó a decir Irina- es una persona que te gustará conocer. Como habrás observado hay terminales como este en casi todas las habitaciones donde hemos estado.
- No me había dado cuenta, son muy discretos -dijo José Luís-. ¿Están conectados a Internet?
- Exacto, así es como nos comunicamos principalmente. Ya no hay teléfonos como había antiguamente, ni correo postal, toda la comunicación se hace a través de la red. Por cierto, ya que estamos aquí te voy a crear una cuenta para que te puedas conectar a la red y comunicarte.

Irina tecleó rápidamente y a los pocos segundos se volvió.

- Ya está, -Irina sacó un cuaderno y escribió algo en una página que luego arrancó y ofreció a José Luís-, aquí tienes, este es tu usuario. Úsalo para comunicarte con otras personas, a mí me puedes encontrar en tu lista de personas.

José Luís cogió el papel y se lo guardó en el bolsillo. Antes de la guerra era bastante bueno con la tecnología y se movía con soltura en la red, aunque ahora, después de tanto tiempo no estaba seguro de que esa habilidad le sirviera de algo en el nuevo mundo que estaba descubriendo.

Salieron a la calle y se acercaron a un grupo de bicicletas que estaban aparcadas frente al comedor. Un joven acaba de llegar en una bicicleta azul, la soltó junto al resto, saludó y rápidamente entró en el comedor.

- Vamos, coge una, la que más te guste, vamos a una plaza a unos dos kilómetros de aquí, ya aprovechamos y vamos en bicicleta.
- ¿Pero de quién es esta bicicleta? -Preguntó José Luís acercándose a la bicicleta de color azul- Quizás ese chaval quiera volver a coger a coger la bicicleta.
- Vamos, José Luís, como te he dicho antes, no hay propiedad privada. Esta bicicleta es tuya, es nuestra, es de quién la necesite. La coges, vas a donde quieras ir, y la sueltas allí, así de simple.

José Luís cogió una bicicleta y ajustó el sillín para estar cómodo. Irina hizo lo propio con una bicicleta de color rojo.

- ¿No soy un poco mayor para ir en bicicleta por ahí? -Dijo José Luís medio en broma mientras seguía a Irina por las limpias calles sin coches ni ruido.
- ¡Qué vas a ser viejo! -Exclamó Irina- Tan sólo tienes 21 años, eres más joven de lo que pareces -Bromeó Irina mientras aceleró un poco viendo que José Luís podía seguirla perfectamente- Ya estamos llegando.

Llegaron a una plaza donde había bastante gente. Algunos paseaban, otros tan sólo estaban de paso, otros leían sentados en un banco mientras el agradable sol primaveral calentaba la plaza.

Dejaron las bicicletas junto a un montón que había aparcado justo a la entrada de la plaza. Irina se acercó a un grupo de tres personas que estaba de pié junto a una estatua de lo que un día fue un general sobre un caballo.

- Hola, me alegro mucho de verte -Comenzó a decir Irina mientras saludaba a uno de los integrantes del grupo- Hace ya mucho tiempo que no hablamos, no me escribes.
- Sí, -Contestó el hombre- ya sabes, he estado bastante ocupado, de aquí para allá.

Irina se giró, saludó a los otros dos integrantes del grupo y comenzó con las presentaciones.

- Este es José Luís, es el último durmiente, despertó ayer, le estoy enseñando cómo funciona el mundo hoy en día.

Los tres integrantes del grupo se acercaron a José Luís sonrientes y aparentemente muy interesados.

- Hola -dijo el que había estado hablando con Irina- yo me llamo Juan -Tenía unos 25 años, era alto y algo corpulento.
- Buenos días -dijo el segundo hombre- yo soy Pedro.
- Y yo me llamo Antonio- dijo el tercero estrechándole la mano.

Irina volvió a tomar la inciativa, se puso entre Juan y José Luís, y agarró un hombro de cada uno.

- José Luís, Juan es una de las personas más interesadas por la sociedad anterior a la guerra que he conocido. Estoy segura de que está deseoso de hablar contigo sobre tu vida.
- Sí, es cierto -continuó Juan- mi padre vivió esa época y me contó muchas cosas. Tendría más o menos tu edad. Desgraciadamente murió el año pasado, las heridas de la guerra le acortaron la vida, aunque vivió mucho más de lo que nadie habría esperado. Le hubiera gustado mucho hablar contigo, él despertó dos años después del lanzamiento de la bomba.
- Oh, lo siento -dijo José Luís aparentemente apenado- me hubiera encantado hablar con él.
- Bueno, son cosas que pasan -siguió diciendo Juan-, ¿y qué tal tu primer día por el nuevo mundo? ¿te gusta lo que ves?
- Aún no me creo lo que me está pasando. Es todo tan diferente...
- No te preocupes, es normal. Por otra parte, Pedro, Antonio y yo organizamos un grupo de estudio de la sociedad antigua, nos gustaría mucho que te acercaras algún día a hablar con nosotros. Esta es mi dirección de correo -Juan tendió un trozo de papel a José Luís-, ponte en contacto conmigo cuando quieras conocer a más gente de tu época, hay muchos que pertenecen al grupo.
- Gracias, lo haré.

Juan sonrió, echó una mirada a sus dos compañeros. Antonio miró el reloj, parecía tener prisa.

- Bueno, nos tenemos que ir, me ha encantado conocerte. -Juan se giró hacia Irina- Un placer volver a hablar contigo Irina, muchas gracias por presentarnos a José Luís.
- De nada -dijo Irina- espero que no pase tanto tiempo para que podamos volver a hablar otra vez.
- Seguro que no.

El trio se alejó rápidamente. José Luís e Irina se quedaron solos frente a la estatua en mitad de la plaza, bajo el agradable sol primaveral.

- Bien, -empezó a decir Irina- Juan es una persona bastante particular, estoy segura de que seréis buenos amigos. Bueno, ¿qué me queda por enseñarte? -Preguntó Irina mientras miraba al cielo y se rascaba la cabeza inocentemente- ¡Ah, sí! Aún no te he contado nada de la vida política de la nueva sociedad. Vamos al parlamento, seguro que te gusta, la primera ves que se ve un debate impresiona bastante.
- Bueno, no sé yo, suena bastante aburrido, pero si tú lo dices, será verdad. La política es algo que recuerdo bastante aburrido, si hoy en día impresiona un debate, va a ser verdad que el mundo ha cambiado más de lo que yo pudiera imaginar.

Se dirigieron nuevamente al aparcamiento de bicicletas y cogieron las mismas con las que habían llegado, ya estaban ajustadas a su gusto. Se alejaron de la plaza lentamente pedaleando en dirección sur.

José Luís estaba algo apenado por la historia contada por Juan, pero aún así estaba emocionado. Le había dicho que había más gente como él, en cuanto tuviera la oportunidad escribiría a Juan para ir a una de esas reuniones.