Todo es mio - cap 03 - Comiendo

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La joven y el anciano salieron a la calle. Hacía un día primaveral estupendo. El sol estaba en la calle y proporcionaba una buena sensación de calidez.

José Luís retrocedió un par de pasos al ser golpeado por la claridad del día y se tapó la cara aparentemente molesto por la luminosidad.

- ¿Estás bien? -Preguntó Irina- Quizás deberíamos haber cogido unas gafas de sol también. Si quieres puedes usar las mías, yo estoy más acostumbrada a tanta luminosidad.
- Oh, no importa -Dijo José Luís aparentemente menos molesto- Sólo tengo que acostumbrarme, no es nada.

La pareja comenzó a andar por la calle. Había bastante gente. Unos iban caminando, había gente que iba corriendo, había bicicletas que iban de aquí para allá, gente patinando, sin embargo no había ningún vehículo a motor.

- No veo ningún coche, está todo bastante silencioso. -Comentó José Luís mientras caminaban cruzando la calle entre las bicicletas.
- Los vehículos de motor ya no se usan en las ciudades, solamente en caso de emergencia verás una ambulancia o un coche de bomberos. Los movimientos en las ciudades se realizan en bicicleta o bien utilizando los trenes eléctricos. La energía es un bien escaso y no es conveniente gastarla en desplazamientos cuando existen medios de trasporte tan baratos energéticamente como son las bicicletas.

Llegaron a la puerta de un edificio no muy grande. En la puerta había un cartel con un plato, una cuchara y un tenedor. Irina señaló el cartel.

- ¿Ves este cartel? Está en la puerta de todo comedor. Cuando tengas hambre sólo tienes que buscar un cartel como este. Vamos dentro, comamos algo.

Entraron en el edificio. El comedor era un gran espacio repleto de mesas y sillas. De vez en cuando había una columna adornada con carteles informativos entre las mesas. En las paredes había grandes ventanales que proporcionaban la iluminación del lugar. Al fondo había una mesa repleta de comida preparada, disponible para coger. Había gente sentada en alguna que otra mesa, hablando tranquilamente mientras comían algo.

José Luís siguió a Irina hasta la mesa donde estaba la comida. Irina cogió una taza, la rellenó de café y también cogió un poco de pan tostado. José Luís hizo lo mismo y la siguió hasta una mesa, donde los dos tomaron asiento.

- Pues esto es un comedor. -Empezó a decir Irina después de dar un pequeño sorbo al café.- Cuando tengas hambre, vienes y coges lo que te apetezca. Eso sí, no te olvides de limpiar lo que ensucies. Está muy mal visto dejar una mesa sucia.
- ¿Es como un buffet libre?
- Ah, sí, he estudiado ese tipo de restaurantes. Sí, se podría decir que sí, que es más o menos un buffet libre.

José Luís comenzó a comer, mientras echaba una mirada alrededor, pensativo.

- No veo ningún camarero, ni ningún sitio para pagar. -Dijo José Luís.- Ahora que lo pienso, en el vestidor tampoco he visto a ningún dependiente.
- Y no lo verás. -Dijo Irina mientras esbozaba una pequeña sonrisa.- Como ya te he dicho, muchas cosas han cambiado. El mundo ya no funciona tal y como tú lo conocías.
- Bueno, pues cuéntame. ¿Qué es lo que ha cambiado tanto? -Soltó José Luís algo molesto por la forma en que Irina iba dando información.
- Lo más importante que debes saber, es que ya no existe la propiedad privada.
- ¿Cómo que no existe? ¿A qué te refieres con eso?
- Como bien sabes, la guerra comenzó porque llegamos a un momento de crisis económica insostenible. La riqueza estaba muy mal repartida, el trabajo era prácticamente esclavitud y todos los gobiernos comenzaron a recortar derechos escudándose en el estado de la economía, mientras que las grandes corporaciones seguían ganando dinero. Esto fue la base del cambio.

José Luís observaba el discurso con la boca abierta, no era exactamente eso lo que él recordaba, aunque sí algo parecido.

- He leído todo lo que he encontrado sobre tu vida antes de la guerra, -continuó Irina- Y entiendo que estos hechos no te parezcan la realidad. Tú pertenecías a una de las familias ricas y estabas en un estrato social en el cuál no visteis cómo se forjó la revolución.

Irina untó algo de mermelada de melocotón sobre la tostada y comenzó a comer.

- Como te iba diciendo, el mayor cambio con respecto al sistema económico anterior a la guerra es que se ha abolido la propiedad privada. Una persona ya no puede tener propiedad o derecho sobre otra cosa que no sea su propio cuerpo.
- ¿Pero entonces? -Comenzó a decir José Luís todavía encajando el golpe que suponía tal cambio para él.- ¿Cómo funciona el mundo? ¿No tengo dinero? ¿No tengo casa?
- El mundo sigue girando igual alrededor del sol un año tras otro. En realidad el cambio no es tan grande como pueda parecer. Al principio se creía que iba a llevar mucho tiempo el acostumbrarse al nuevo sistema económico, pero sorprendentemente, en un par de años todo funcionaba relativamente fluido y la sociedad se adaptó al nuevo orden de forma bastante rápida.

José Luís empezaba a encajar toda la información, todos los cambios, y tenía hambre, así que hizo lo mismo que Irina y untó la tostada con mermelada para llevarse algo a la boca.

- Como has visto, hay una serie de servicios básicos, - continuó Irina- los vestidores, por ejemplo, son servicios que existen cada pocos edificios, normalmente junto con las duchas. También están los comedores como este, donde puedes ir a comer.
- ¿Pero cómo funciona esto? ¿Quién hace la comida? Esta gente tendrá que cobrar un sueldo.

Irina tomó otro sorbo de café y miró a José Luís. Estaba encajando toda la información bastante bien.

- No hay dinero. No quiero decir que seamos pobres o que se haya acabado. Quiero decir que a día de hoy no utilizamos el dinero como moneda de cambio. Por tanto no hay sueldos. La gente que hace la comida lo hace de forma voluntaria, siempre que quieras puedes ir a un comedor y colaborar en la preparación de la comida.
- ¿Pero entonces? Si no hay sueldo, ¿por qué iba la gente a ir a trabajar? -Dijo José Luís.
- Como te he dicho, no hay propiedad privada. ¿Para qué querrías dinero en un mundo sin propiedad privada? ¿Qué podrías comprar?
- Pero entonces el mundo no funciona. Si no pagas un sueldo, la gente no va a ir a trabajar.
- Como ves, el mundo sigue funcionando. Y aquí la gente no va a trabajar. El trabajo como tal no existe. Hoy en día existen una serie de actividades voluntarias que cualquiera puede realizar. Por ejemplo, los comedores son unos de los lugares más concurridos, la mayoría de la gente pasa una hora o dos al día en algún comedor cocinando, es una actividad bastante gratificante.

José Luís seguía sin creerse que todo esto pudiera funcionar.

- No lo entiendo. Si nadie trabaja, ¿cómo funcionan los sistemas de producción? -José Luís levantó la tostada a medio comer.- ¿Quién hace este pan?
- Como te decía, existen actividades. Hay hornos de pan en los comedores, donde se hace pan. El pan, como todos los consumibles que se manufacturan hoy en día están hechos por voluntarios, y la producción está abierta a cualquiera que quiera colaborar. Ayer mismo yo estuve en un horno, haciendo pan durante tres horas. No lo había hecho nunca, y me gustó mucho, el olor, amasar el pan, es agradable.

El joven escondido en el cuerpo de un anciano aún se resistía a creer que algo así pudiera funcionar.

- Si no hay una recompensa, -empezó a decir José Luís- ¿Por qué iba alguien a trabajar? Sin incentivo, todo el mundo se dedica a vaguear y el mundo se va a la mierda.
- No es así. -Empezó a decir Irina pacientemente.- Como podrás observar, el mundo aún sigue girando y la civilización existe. Al contrario de lo que crees, la mayoría de las personas se dedican a hacer cosas productivas aunque no reciban nada por ello. Es una forma de ser parte de la comunidad. Yo hago pan, tú tejes ropa y finalmente ambos nos beneficiamos. Es un concepto que sé que te puede resultar difícil de entender viniendo de la época que vienes. Pero en realidad tendrías que verlo como una familia.

Irina ya había terminado de comer, y estaba colocando los objetos que había en la mesa en fila para apoyar su argumento, el salero, una cucharilla y la taza.

- En una familia, incluso antes de la guerra, cuando el dinero era la base de toda actividad, se realizaban actividades sin incentivo económico. Por ejemplo el padre llevaba al hijo al colegio y no recibía nada a cambio. O la madre preparaba una comida para toda la familia, y el hijo fregaba los platos.
- Como ves, -siguió Irina- es un sistema natural en las comunidades humanas, se reparten las actividades entre los diferentes integrantes consiguiendo así un beneficio común.

José Luís no tenía argumentos para contrarrestar la lógica de Irina, y puesto que todo su mundo había cambiado, decidió no luchar contra lo que se le venía encima. Aunque aún no lo creyera del todo, ya era un viejo, y no tenía la energía necesaria para luchar contra el sistema.

- Vamos, termina de comer, que hay muchas cosas que quiero enseñarte. También deberíamos ir a conocer a alguien.

Comments

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Monigote's picture

te imaginas que eso fuese real?..