Todo es mio - cap 01 - Despertar

José Luís abrió los ojos y no vio nada excepto luz. Al mismo tiempo sintió un gran dolor por todo el cuerpo. Estaba cansado, todos sus músculos estaban doloridos.

Su visión comenzó a adaptarse a la luminosidad y José Luís, dolorido y cansado, comenzó a ver. Una figura humana comenzaba a tomar forma a su derecha, pero aún no veía con nitidez.

- ¿Dónde estoy? ¿Es esto un hospital? -Preguntó José Luís, quejándose levemente al incorporarse en la cama.
- Hola, mi nombre es Irina. Sí, estás en un hospital, pero ha pasado mucho tiempo -Dijo la figura cada vez más nítida que estaba de pié junto a la cama.

José Luís ya había recobrado la visión. La habitación era pequeña, con una sola cama y un gran ventanal que iluminaba toda la habitación y desde el cual se veía un patio con bastante vegetación.

Irina esperó pacientemente mientras José Luís se miraba las manos, y se tocaba el rostro siguiendo las marcas que la edad comenzó a dejar en su piel poco tiempo atrás.

- ¿Qué edad tengo? ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿En qué año estamos? -Preguntó José Luís visiblemente alterado al contemplar que su cuerpo había envejecido.
- Tranquilízate -Dijo Irina y tocó el pecho de José Luís firmemente, pero con ternura, guiándolo para que se recostara nuevamente-. No es conveniente que hagas movimientos bruscos. ¿Qué es lo último que recuerdas?

José Luís se tranquilizó un poco y trató de hacer memoria. Todo era confuso, nada parecía real. Los recuerdos le comenzaron a llegar a la memoria de forma desordenada e inconexa, pero una línea temporal comenzaba a tomar forma en su mente. Estaba recordando.

- ¿Lo último que recuerdo? Lo último que recuerdo es la guerra. Estábamos luchando. Recuerdo, ... -José Luís entrecerró un poco los ojos-, recuerdo que defendíamos una de las últimas ciudades, yo estaba en el ejercito de la Defensa de la Humanidad.
- ¿Qué más recuerdas? -Insistió Irina.
- Lo último que recuerdo es un sonido. Un sonido, no ruidoso, sino melódico, pero a la vez aterrador. Oí como el sonido se acercaba, y después, ..., después nada. Oscuridad. Eso es lo último que recuerdo.

Irina tomó nota. Dejó el cuaderno sobre la cama y se acercó un poco más a José Luís.

- José Luís. Ha pasado mucho tiempo desde la guerra. Muchas cosas han cambiado, espero que para mejor. Yo no conocí los tiempos anteriores a la guerra, soy demasiado joven. Hoy es 20 de Marzo. Han pasado 42 años desde la guerra.

José Luís observó a Irina con cara de asombro, aún no podía cree que hubiera pasado tanto tiempo. Tenía 21 años. No. Ahora tenía 63 años.

- Me han designado como tu guía. Así que desde hoy pasaremos algún tiempo juntos hasta que te adaptes a los cambios y estés familiarizado con todo.
- ¿Guía? -Preguntó José Luís, aún asombrado por el tiempo trascurrido- ¿Por qué necesito un guía?.
- Es parte del programa de integración en el futuro. Ha pasado mucho tiempo. No conoces a nadie. No conoces la tecnología actual. El mundo ha cambiado. Yo estoy aquí para enseñarte a vivir en este nuevo mundo, soy estudiante de "Sociedades" y he estudiado a fondo cómo vivíais, así que espero poder ayudarte.

Aún asombrado, José Luís miraba la joven cara de Irina mientras esta mantenía una leve y agradable sonrisa. A pesar de todo, era tranquilizador tenerla al lado, y la joven inspiraba mucha confianza.

- Ahora tienes que descansar- Comenzó a decir Irina mientras se dirigía hacia la puerta-. La rehabilitación muscular es algo molesta, pero mañana ya podrás andar. Duerme un poco, estaré aquí cuando despiertes y comenzaré a enseñarte el nuevo mundo. Bienvenido a la vida de nuevo. Eres el último viajero del tiempo.

Irina cruzó la puerta y esta se cerró a su paso. A pesar de la noticia, José Luís estaba relativamente tranquilo. Además estaba muy cansado, así que se dejó arrastrar por Morfeo hasta el mundo onírico.

Todo es mio - cap 02 - Vestidor

José Luís despertó. El sol iluminaba la habitación a través del gran ventanal. Estaba sólo. Recordaba el día anterior como si hubiera sido un sueño, realmente no sabía si Irina era real o un producto de su imaginación.

Se levantó de la cama y se acercó lentamente hacia la puerta. Andaba con cierta dificultad, la edad y el largo periodo en cama no le dejaban moverse con soltura. José Luís abrió la puerta y se asomó al pasillo.

Al salir por la puerta se encontró a Irina, sentada en un sillón, esperando pacientemente mientras miraba un cuaderno. En ese momento recordó con total nitidez la charla del día anterior y fue nuevamente consciente de su edad.

- Buenos días -comenzó diciendo Irina mientras cerraba el cuaderno y se levantaba-. Hoy hace un día estupendo. Te has despertado temprano, bien, así tendremos tiempo de ver más cosas.
- ¿Dónde está el baño?
- Ah, sí, es verdad, lo siento. ¿Ves esa puerta de ahí? -Irina señaló una puerta que estaba frente a la habitación-, pues eso es. Te espero aquí.

Toda la ropa que llevaba José Luís era un camisón de hospital verde. No llevaba ni ropa interior, ni zapatos. El inodoro era tal y como lo recordaba. Mientras satisfacía sus necesidades básicas pensó que tal vez no habría cambiado tanto el mundo.

Cuando salió del servicio Irina estaba esperándole de pié en la puerta.

- Vamos, lo primero que vamos a hacer hoy es conseguirte algo de ropa e ir a tomar un buen desayuno.

Comenzaron a andar por el largo pasillo. De vez en cuando se cruzaban con alguna persona que siempre saludaba amablemente. José Luís tenía muchas dudas aún.

- Entonces, ¿qué pasó con la guerra? ¿Ganamos finalmente?
- No, -contestó Irina negando con la cabeza- en una guerra nunca hay un ganador, todo el mundo pierde.
- Quiero decir, que conseguimos evitar que los rebeldes tomaran el mando, ya que aún sigo vivo.
- No. Los rebeldes acabaron haciéndose con el poder y establecieron las bases para la nueva sociedad en la que hoy vivimos.

Cruzaron un pequeño arco sin puerta y se encontraron frente a unas escaleras con una ligera pendiente.

- Tenemos que bajar por aquí, en este mismo edificio hay un vestidor donde podrás conseguir ropa más adecuada. -Dijo Irina.

José Luís comenzó a bajar las escaleras mientras seguía procesando la información que la joven le estaba dando.

- ¿Entonces quiere decir que soy un preso? ¿Eres tú la encargada de vigilarme?
- No. No eres ningún preso. Eres totalmente libre. Yo estoy aquí para enseñarte a vivir en este mundo desconocido para ti, pero no estás obligado a escuchar mi consejo.
- Resulta realmente extraño. Nunca creí que pudiéramos perder la guerra. Teníamos las armas. Los rebeldes no eran más que población civil con palos y piedras. ¿Cómo llegó a pasar?
- El gran triunfo de los rebeldes comenzó cuando la comunidad científica se posicionó a favor de los mismos. Durante los cinco primeros meses de revueltas los científicos comenzaron a investigar el desarrollo de armas no letales. Fruto de esta investigación fue la "Nana". Que fue la bomba que acabó con vuestra resistencia.

Finalmente llegaron al último piso y se dirigieron a una gran puerta en la que ponía "vestidor". Se cruzaron con un par de personas que andaban por allí, sin prisa alguna.

- Por aquí -dijo Irina abriendo la puerta del vestidor-, aún es temprano, así que no habrá mucha gente.

El vestidor parecía una gran tienda de ropa. Había un gran número de perchas con ropa organizada por colores y por tallas. Al fondo había varias cabinas para cambiarse de ropa. Junto a esta cabinas había grandes cestos, al parecer de ropa sucia.

José Luís se paró frente a Irina.

- ¿Arma no letal? -Estaba aparentemente irritado-, creo que dejar a alguien en coma durante cuarenta años es algo peor que la muerte.
- Ese no era el objetivo de "Nana". En teoría los efectos duran entre ocho y diez horas. Pero hubo gente a la que le afectó de manera más grave. Tú eres el último que ha despertado. El resto de durmientes empezaron a despertar al cabo de dos años. Tu caso es algo especial.

Irina tocó levemente el hombro de José Luís, este no realizó ningún movimiento. Era agradable el contacto, tranquilizador. Aún así, José Luís parecía algo irritado.

- ¿Tan fácil fue? ¿Me estás diciendo que tras dormir ocho horas el ejercito de la Defensa de la Humanidad no siguió luchando?
- Así es. Tras utilizar "Nana", los rebeldes desarmaron al Ejercito, y la mayoría fueron encarcelados en centros improvisados para evitar conflictos mientras se establecía el nuevo orden. En estos centros se educó a los integrantes del Ejercito y en pocos meses la gran mayoría de los encarcelados ya estaban integrados en la sociedad.

José Luís no sabía que hacer o qué decir. Decidió no discutir y centrarse en el siguiente paso, que era conseguir algo de ropa.

- Bueno, ¿y cómo funciona esto? Preguntó José Luís.
- Bien, elige la ropa que más te guste. Si miras a la pared del fondo verás una pantalla en la que se indican las condiciones climatológicas de hoy, así que elige la ropa en consecuencia. Te recomiendo coger unos vaqueros y una camiseta de manga corta, hoy tenemos un agradable día primaveral.

El joven hombre, ahora en un cuerpo bastante más viejo de lo esperado, cogió la ropa sin buscar demasiado. Algo de ropa interior, unos vaqueros y una camiseta. Nunca se había preocupado por la moda. Se dirigió a una de las cabinas y allí se vistió.

Al salir dejó el camisón en uno de los grandes cestos que había al lado. Irina sonreía, parecía bastante contenta.

- Te sienta muy bien la ropa. Vamos a comer algo. -Irina comenzó a andar hacia la puerta por la que habían entrado.
- ¿Y ya está? ¿Cojo esta ropa y me la pongo?
- Oh, sí, perdona. Esto es un vestidor. Hay uno en casi todos los edificios. ¿Ves ese cartel? -Irina señaló un pequeño cartel que había junto a la puerta, en el que aparecía un dibujo de una camiseta.- Eso indica que es un vestidor. Normalmente se encuentran junto a las duchas, pero este edificio es algo viejo y sólo tiene vestidor.
- La ropa usada se coloca en los cestos, como bien has hecho. Esa ropa se lavará y se pondrá en el mismo vestidor. -Continuó diciendo Irina.

José Luís se miró a sí mismo en el espejo de arriba abajo. Estaba algo confuso respecto a los vestidores.

- ¿Me estás diciendo que estoy llevando ropa que ha llevado otra persona?
- Sí. Aunque está recién lavada y desinfectada. Cuando una prenda está muy deteriorada se recicla. Y de vez en cuando traen ropa nueva.

Irina se volvió de nuevo hacia la puerta y comenzó a andar.

- Vamos a comer, hay un comedor en el edificio de enfrente. Supongo que a estas horas ya habrá café y pan tostado.

José Luís siguió a la joven. Se acababa de dar cuenta de que en realidad tenía bastante hambre.

Todo es mio - cap 03 - Comiendo

La joven y el anciano salieron a la calle. Hacía un día primaveral estupendo. El sol estaba en la calle y proporcionaba una buena sensación de calidez.

José Luís retrocedió un par de pasos al ser golpeado por la claridad del día y se tapó la cara aparentemente molesto por la luminosidad.

- ¿Estás bien? -Preguntó Irina- Quizás deberíamos haber cogido unas gafas de sol también. Si quieres puedes usar las mías, yo estoy más acostumbrada a tanta luminosidad.
- Oh, no importa -Dijo José Luís aparentemente menos molesto- Sólo tengo que acostumbrarme, no es nada.

La pareja comenzó a andar por la calle. Había bastante gente. Unos iban caminando, había gente que iba corriendo, había bicicletas que iban de aquí para allá, gente patinando, sin embargo no había ningún vehículo a motor.

- No veo ningún coche, está todo bastante silencioso. -Comentó José Luís mientras caminaban cruzando la calle entre las bicicletas.
- Los vehículos de motor ya no se usan en las ciudades, solamente en caso de emergencia verás una ambulancia o un coche de bomberos. Los movimientos en las ciudades se realizan en bicicleta o bien utilizando los trenes eléctricos. La energía es un bien escaso y no es conveniente gastarla en desplazamientos cuando existen medios de trasporte tan baratos energéticamente como son las bicicletas.

Llegaron a la puerta de un edificio no muy grande. En la puerta había un cartel con un plato, una cuchara y un tenedor. Irina señaló el cartel.

- ¿Ves este cartel? Está en la puerta de todo comedor. Cuando tengas hambre sólo tienes que buscar un cartel como este. Vamos dentro, comamos algo.

Entraron en el edificio. El comedor era un gran espacio repleto de mesas y sillas. De vez en cuando había una columna adornada con carteles informativos entre las mesas. En las paredes había grandes ventanales que proporcionaban la iluminación del lugar. Al fondo había una mesa repleta de comida preparada, disponible para coger. Había gente sentada en alguna que otra mesa, hablando tranquilamente mientras comían algo.

José Luís siguió a Irina hasta la mesa donde estaba la comida. Irina cogió una taza, la rellenó de café y también cogió un poco de pan tostado. José Luís hizo lo mismo y la siguió hasta una mesa, donde los dos tomaron asiento.

- Pues esto es un comedor. -Empezó a decir Irina después de dar un pequeño sorbo al café.- Cuando tengas hambre, vienes y coges lo que te apetezca. Eso sí, no te olvides de limpiar lo que ensucies. Está muy mal visto dejar una mesa sucia.
- ¿Es como un buffet libre?
- Ah, sí, he estudiado ese tipo de restaurantes. Sí, se podría decir que sí, que es más o menos un buffet libre.

José Luís comenzó a comer, mientras echaba una mirada alrededor, pensativo.

- No veo ningún camarero, ni ningún sitio para pagar. -Dijo José Luís.- Ahora que lo pienso, en el vestidor tampoco he visto a ningún dependiente.
- Y no lo verás. -Dijo Irina mientras esbozaba una pequeña sonrisa.- Como ya te he dicho, muchas cosas han cambiado. El mundo ya no funciona tal y como tú lo conocías.
- Bueno, pues cuéntame. ¿Qué es lo que ha cambiado tanto? -Soltó José Luís algo molesto por la forma en que Irina iba dando información.
- Lo más importante que debes saber, es que ya no existe la propiedad privada.
- ¿Cómo que no existe? ¿A qué te refieres con eso?
- Como bien sabes, la guerra comenzó porque llegamos a un momento de crisis económica insostenible. La riqueza estaba muy mal repartida, el trabajo era prácticamente esclavitud y todos los gobiernos comenzaron a recortar derechos escudándose en el estado de la economía, mientras que las grandes corporaciones seguían ganando dinero. Esto fue la base del cambio.

José Luís observaba el discurso con la boca abierta, no era exactamente eso lo que él recordaba, aunque sí algo parecido.

- He leído todo lo que he encontrado sobre tu vida antes de la guerra, -continuó Irina- Y entiendo que estos hechos no te parezcan la realidad. Tú pertenecías a una de las familias ricas y estabas en un estrato social en el cuál no visteis cómo se forjó la revolución.

Irina untó algo de mermelada de melocotón sobre la tostada y comenzó a comer.

- Como te iba diciendo, el mayor cambio con respecto al sistema económico anterior a la guerra es que se ha abolido la propiedad privada. Una persona ya no puede tener propiedad o derecho sobre otra cosa que no sea su propio cuerpo.
- ¿Pero entonces? -Comenzó a decir José Luís todavía encajando el golpe que suponía tal cambio para él.- ¿Cómo funciona el mundo? ¿No tengo dinero? ¿No tengo casa?
- El mundo sigue girando igual alrededor del sol un año tras otro. En realidad el cambio no es tan grande como pueda parecer. Al principio se creía que iba a llevar mucho tiempo el acostumbrarse al nuevo sistema económico, pero sorprendentemente, en un par de años todo funcionaba relativamente fluido y la sociedad se adaptó al nuevo orden de forma bastante rápida.

José Luís empezaba a encajar toda la información, todos los cambios, y tenía hambre, así que hizo lo mismo que Irina y untó la tostada con mermelada para llevarse algo a la boca.

- Como has visto, hay una serie de servicios básicos, - continuó Irina- los vestidores, por ejemplo, son servicios que existen cada pocos edificios, normalmente junto con las duchas. También están los comedores como este, donde puedes ir a comer.
- ¿Pero cómo funciona esto? ¿Quién hace la comida? Esta gente tendrá que cobrar un sueldo.

Irina tomó otro sorbo de café y miró a José Luís. Estaba encajando toda la información bastante bien.

- No hay dinero. No quiero decir que seamos pobres o que se haya acabado. Quiero decir que a día de hoy no utilizamos el dinero como moneda de cambio. Por tanto no hay sueldos. La gente que hace la comida lo hace de forma voluntaria, siempre que quieras puedes ir a un comedor y colaborar en la preparación de la comida.
- ¿Pero entonces? Si no hay sueldo, ¿por qué iba la gente a ir a trabajar? -Dijo José Luís.
- Como te he dicho, no hay propiedad privada. ¿Para qué querrías dinero en un mundo sin propiedad privada? ¿Qué podrías comprar?
- Pero entonces el mundo no funciona. Si no pagas un sueldo, la gente no va a ir a trabajar.
- Como ves, el mundo sigue funcionando. Y aquí la gente no va a trabajar. El trabajo como tal no existe. Hoy en día existen una serie de actividades voluntarias que cualquiera puede realizar. Por ejemplo, los comedores son unos de los lugares más concurridos, la mayoría de la gente pasa una hora o dos al día en algún comedor cocinando, es una actividad bastante gratificante.

José Luís seguía sin creerse que todo esto pudiera funcionar.

- No lo entiendo. Si nadie trabaja, ¿cómo funcionan los sistemas de producción? -José Luís levantó la tostada a medio comer.- ¿Quién hace este pan?
- Como te decía, existen actividades. Hay hornos de pan en los comedores, donde se hace pan. El pan, como todos los consumibles que se manufacturan hoy en día están hechos por voluntarios, y la producción está abierta a cualquiera que quiera colaborar. Ayer mismo yo estuve en un horno, haciendo pan durante tres horas. No lo había hecho nunca, y me gustó mucho, el olor, amasar el pan, es agradable.

El joven escondido en el cuerpo de un anciano aún se resistía a creer que algo así pudiera funcionar.

- Si no hay una recompensa, -empezó a decir José Luís- ¿Por qué iba alguien a trabajar? Sin incentivo, todo el mundo se dedica a vaguear y el mundo se va a la mierda.
- No es así. -Empezó a decir Irina pacientemente.- Como podrás observar, el mundo aún sigue girando y la civilización existe. Al contrario de lo que crees, la mayoría de las personas se dedican a hacer cosas productivas aunque no reciban nada por ello. Es una forma de ser parte de la comunidad. Yo hago pan, tú tejes ropa y finalmente ambos nos beneficiamos. Es un concepto que sé que te puede resultar difícil de entender viniendo de la época que vienes. Pero en realidad tendrías que verlo como una familia.

Irina ya había terminado de comer, y estaba colocando los objetos que había en la mesa en fila para apoyar su argumento, el salero, una cucharilla y la taza.

- En una familia, incluso antes de la guerra, cuando el dinero era la base de toda actividad, se realizaban actividades sin incentivo económico. Por ejemplo el padre llevaba al hijo al colegio y no recibía nada a cambio. O la madre preparaba una comida para toda la familia, y el hijo fregaba los platos.
- Como ves, -siguió Irina- es un sistema natural en las comunidades humanas, se reparten las actividades entre los diferentes integrantes consiguiendo así un beneficio común.

José Luís no tenía argumentos para contrarrestar la lógica de Irina, y puesto que todo su mundo había cambiado, decidió no luchar contra lo que se le venía encima. Aunque aún no lo creyera del todo, ya era un viejo, y no tenía la energía necesaria para luchar contra el sistema.

- Vamos, termina de comer, que hay muchas cosas que quiero enseñarte. También deberíamos ir a conocer a alguien.

Todo es mio -cap 04- Otros

- Espera, voy a avisar a algunos amigos antes de salir- dijo Irina mientras se dirigía hacia una pantalla y un teclado que había junto a la pared-.

Irina comenzó a teclear y en el terminal comenzaron a aparecer letras formando palabras rápidamente.

- Vamos a quedar con Juan, -comenzó a decir Irina- es una persona que te gustará conocer. Como habrás observado hay terminales como este en casi todas las habitaciones donde hemos estado.
- No me había dado cuenta, son muy discretos -dijo José Luís-. ¿Están conectados a Internet?
- Exacto, así es como nos comunicamos principalmente. Ya no hay teléfonos como había antiguamente, ni correo postal, toda la comunicación se hace a través de la red. Por cierto, ya que estamos aquí te voy a crear una cuenta para que te puedas conectar a la red y comunicarte.

Irina tecleó rápidamente y a los pocos segundos se volvió.

- Ya está, -Irina sacó un cuaderno y escribió algo en una página que luego arrancó y ofreció a José Luís-, aquí tienes, este es tu usuario. Úsalo para comunicarte con otras personas, a mí me puedes encontrar en tu lista de personas.

José Luís cogió el papel y se lo guardó en el bolsillo. Antes de la guerra era bastante bueno con la tecnología y se movía con soltura en la red, aunque ahora, después de tanto tiempo no estaba seguro de que esa habilidad le sirviera de algo en el nuevo mundo que estaba descubriendo.

Salieron a la calle y se acercaron a un grupo de bicicletas que estaban aparcadas frente al comedor. Un joven acaba de llegar en una bicicleta azul, la soltó junto al resto, saludó y rápidamente entró en el comedor.

- Vamos, coge una, la que más te guste, vamos a una plaza a unos dos kilómetros de aquí, ya aprovechamos y vamos en bicicleta.
- ¿Pero de quién es esta bicicleta? -Preguntó José Luís acercándose a la bicicleta de color azul- Quizás ese chaval quiera volver a coger a coger la bicicleta.
- Vamos, José Luís, como te he dicho antes, no hay propiedad privada. Esta bicicleta es tuya, es nuestra, es de quién la necesite. La coges, vas a donde quieras ir, y la sueltas allí, así de simple.

José Luís cogió una bicicleta y ajustó el sillín para estar cómodo. Irina hizo lo propio con una bicicleta de color rojo.

- ¿No soy un poco mayor para ir en bicicleta por ahí? -Dijo José Luís medio en broma mientras seguía a Irina por las limpias calles sin coches ni ruido.
- ¡Qué vas a ser viejo! -Exclamó Irina- Tan sólo tienes 21 años, eres más joven de lo que pareces -Bromeó Irina mientras aceleró un poco viendo que José Luís podía seguirla perfectamente- Ya estamos llegando.

Llegaron a una plaza donde había bastante gente. Algunos paseaban, otros tan sólo estaban de paso, otros leían sentados en un banco mientras el agradable sol primaveral calentaba la plaza.

Dejaron las bicicletas junto a un montón que había aparcado justo a la entrada de la plaza. Irina se acercó a un grupo de tres personas que estaba de pié junto a una estatua de lo que un día fue un general sobre un caballo.

- Hola, me alegro mucho de verte -Comenzó a decir Irina mientras saludaba a uno de los integrantes del grupo- Hace ya mucho tiempo que no hablamos, no me escribes.
- Sí, -Contestó el hombre- ya sabes, he estado bastante ocupado, de aquí para allá.

Irina se giró, saludó a los otros dos integrantes del grupo y comenzó con las presentaciones.

- Este es José Luís, es el último durmiente, despertó ayer, le estoy enseñando cómo funciona el mundo hoy en día.

Los tres integrantes del grupo se acercaron a José Luís sonrientes y aparentemente muy interesados.

- Hola -dijo el que había estado hablando con Irina- yo me llamo Juan -Tenía unos 25 años, era alto y algo corpulento.
- Buenos días -dijo el segundo hombre- yo soy Pedro.
- Y yo me llamo Antonio- dijo el tercero estrechándole la mano.

Irina volvió a tomar la inciativa, se puso entre Juan y José Luís, y agarró un hombro de cada uno.

- José Luís, Juan es una de las personas más interesadas por la sociedad anterior a la guerra que he conocido. Estoy segura de que está deseoso de hablar contigo sobre tu vida.
- Sí, es cierto -continuó Juan- mi padre vivió esa época y me contó muchas cosas. Tendría más o menos tu edad. Desgraciadamente murió el año pasado, las heridas de la guerra le acortaron la vida, aunque vivió mucho más de lo que nadie habría esperado. Le hubiera gustado mucho hablar contigo, él despertó dos años después del lanzamiento de la bomba.
- Oh, lo siento -dijo José Luís aparentemente apenado- me hubiera encantado hablar con él.
- Bueno, son cosas que pasan -siguió diciendo Juan-, ¿y qué tal tu primer día por el nuevo mundo? ¿te gusta lo que ves?
- Aún no me creo lo que me está pasando. Es todo tan diferente...
- No te preocupes, es normal. Por otra parte, Pedro, Antonio y yo organizamos un grupo de estudio de la sociedad antigua, nos gustaría mucho que te acercaras algún día a hablar con nosotros. Esta es mi dirección de correo -Juan tendió un trozo de papel a José Luís-, ponte en contacto conmigo cuando quieras conocer a más gente de tu época, hay muchos que pertenecen al grupo.
- Gracias, lo haré.

Juan sonrió, echó una mirada a sus dos compañeros. Antonio miró el reloj, parecía tener prisa.

- Bueno, nos tenemos que ir, me ha encantado conocerte. -Juan se giró hacia Irina- Un placer volver a hablar contigo Irina, muchas gracias por presentarnos a José Luís.
- De nada -dijo Irina- espero que no pase tanto tiempo para que podamos volver a hablar otra vez.
- Seguro que no.

El trio se alejó rápidamente. José Luís e Irina se quedaron solos frente a la estatua en mitad de la plaza, bajo el agradable sol primaveral.

- Bien, -empezó a decir Irina- Juan es una persona bastante particular, estoy segura de que seréis buenos amigos. Bueno, ¿qué me queda por enseñarte? -Preguntó Irina mientras miraba al cielo y se rascaba la cabeza inocentemente- ¡Ah, sí! Aún no te he contado nada de la vida política de la nueva sociedad. Vamos al parlamento, seguro que te gusta, la primera ves que se ve un debate impresiona bastante.
- Bueno, no sé yo, suena bastante aburrido, pero si tú lo dices, será verdad. La política es algo que recuerdo bastante aburrido, si hoy en día impresiona un debate, va a ser verdad que el mundo ha cambiado más de lo que yo pudiera imaginar.

Se dirigieron nuevamente al aparcamiento de bicicletas y cogieron las mismas con las que habían llegado, ya estaban ajustadas a su gusto. Se alejaron de la plaza lentamente pedaleando en dirección sur.

José Luís estaba algo apenado por la historia contada por Juan, pero aún así estaba emocionado. Le había dicho que había más gente como él, en cuanto tuviera la oportunidad escribiría a Juan para ir a una de esas reuniones.

Todo es mio -cap 05- Parlamento

José Luís observó como se acercaban a un edificio bastante grande. Desde lejos se podían ver las marcas que habían dejado la guerra hacía ya bastantes años. La fachada conservaba las marcas de las balas, aunque el paso de los años y la erosión habían suavizado los surcos.

- Entremos -dijo Irina mientras soltaba la bicicleta al lado de un montón de bicis que había justo en la puerta-. Ya han comenzado la sesión de hoy.

Los dos entraron caminando rápidamente en el gran edificio. Tras pasar la puerta ya se oían las voces discutir acaloradamente. No era una pelea, sino una discusión formal. Se distinguían dos voces predominantes, posiblemente defendiendo argumentos contrarios y tratando de convencer a la mayoría para recibir apoyo.

Pasaron por un largo pasillo hasta que llegaron a una gran puerta.

- Aquí es, procura estar callado durante tu primera sesión, observa como funcionan las cosas. Trataré de explicarte el funcionamiento del parlamento.
- Vale -Susurró José Luís.

La puerta de la gran sala se abrió lentamente, y entraron dos personas. El que tenía la palabra dudó por un segundo, mirando a la puerta, y continuó con su discurso.

En la sala había muchísima gente. Mucha más gente que para lo que se había diseñado ese edificio. Todos los asientos estaban ocupados, había gente sentada en las escaleras, gente sentada en sillas plegables en los huecos que la estancia dejaba libres y gente de pie.

- Vaya, aquí hay demasiadas personas -Comentó José Luís asombrado por el gentío.
- El parlamento es el lugar donde se hace la vida política. Todo el mundo viene a tomar parte en las decisiones que toma la sociedad. Hay parlamentos como este en cada ciudad y en cada pueblo.
- ¿Y cómo es posible que tanta gente se ponga de acuerdo? -Preguntó José Luís.
- Muchas veces no es posible, y las discusiones se alargan interminablemente. Al final hay que llegar a un acuerdo y normalmente se logra convencer a los reacios después de algunas semanas.

Irina susurraba al oído de José Luís, mientras el debate cambiaba de voz y argumento.

- En la constitución que se redactó después de la guerra hay dos puntos bastante importantes que se vienen siguiendo a rajatabla hasta el día de hoy, aunque cada vez importa menos.
- El primer punto -Continuó Irina- dice que en las decisiones políticas, ya sean de índole nacional o local, todo ciudadano tiene que tener voz y voto para tener así una democracia real, y un auto-gobierno, olvidando la democracia representativa.
- El segundo punto -Dijo Irina levantando la mano con dos dedos en alto- dice que no se tomará ninguna decisión por la cual no haya un consenso absoluto, es decir, mientras haya una persona que esté en contra de una votación no se dará por válida. Así que en cada votación se discute y arguye hasta que todo el mundo está convencido de qué se debe hacer y todo el mundo vota en consenso.
- Eso es un poco impracticable ¿no? -Preguntó José Luís- Si todo el mundo se tiene que poner de acuerdo, siempre habrá alguien que esté en contra de algo y habrá muchas decisiones importantes que no se podrán tomar.
- Pues en la práctica no pasa tanto como cabría esperar -Contestó Irina con media sonrisa en la cara-. En realidad todos los participantes en las asambleas escuchan los argumentos y finalmente las personas somos razonables. Hay días que se sale más o menos contento, pero normalmente en menos de una semana ya está todo el grupo de acuerdo.

José Luís prestó atención a la mujer que tenía la palabra actualmente. Era una mujer de mediana edad, sujetaba un par de folios en una mano y con la otra hacía gestos exagerados mientras hablaba.

- Aún así, no creo que el año que viene debamos dejar de criar gallinas -Comentaba la mujer que tenía la palabra-. La plaga ya está controlada y sólo ha afectado al ganado. Si quitamos las gallinas de las granjas, perderemos mucho alimento que es totalmente utilizable, ya se han hecho pruebas que muestran que el virus está controlado.

- ¿De qué hablan? -Preguntó José Luís.
- Llevan un par de semanas discutiendo sobre si dejar de criar y consumir gallinas durante un tiempo. Hace dos meses se desató un epidemia entre estos animales que ha afectado también a los cerdos. Hay mucha gente que aún no se fía de que sea seguro.
- Esa mujer que está hablando ahora mismo es Juana Crespo -Continuó susurrando Irina-. Es una de las mejores especialistas en genética animal. Lleva años trabajando en variedades de animales de granja más productivos. Si ella dice que ya no hay problema, la discusión pronto acabará, todo el mundo confía en su criterio.

Irina se giró hacia la puerta.

- Vamos, ya has visto cómo funciona el parlamento. Todavía no estás preparado para participar en una sesión, pero no estaría mal que cada día te pasaras por aquí, y que empezaras a participar en decisiones con menos gente, para que vayas aportando a la sociedad.

José Luís siguió a Irina fuera del parlamento. Aún por el pasillo se oía argumentar a Juana, comentando cifras de estudios realizados.

Salieron nuevamente a la calle. El sol seguía calentando la ciudad y había una brisa agradable en la calle. Dentro del parlamento había un aire bastante cargado y era un alivio salir fuera.

- Al principio puede parecer un poco caótico todo el tema de la toma de decisiones -Comenzó a decir Irina-, pero es lo mejor. Todo el mundo puede participar y al final las decisiones que se toman están consensuadas, correctamente explicadas y todo el mundo está de acuerdo.
- Actualmente la política no es una de las grandes aficiones de la población -Continuó Irina-. Aunque hayas visto a mucha gente hoy en el parlamento, no es lo normal hoy en día. Desde hace ya algún tiempo la mayoría de la gente se ha acomodado y no quiere participar en las decisiones. Esta apatía política está siendo aprovechada por algunos grupos que intentan tomar decisiones dando la menor información posible. Sin embargo, como ya te he comentado, todas las decisiones deben estar consensuadas, por lo que los grupos activistas, por pequeños que sean siguen siendo parte importante en la toma de decisiones.

Basta de política por hoy. Todavía quedan muchas cosas por enseñarte, vamos a divertirnos un poco.

Todo es mio -cap 06- Sociedad antigua

Cinco personas esperaban pacientemente en una pequeña sala, sin iluminación natural, ni ventanas, ni puertas con cristales, no había ninguna referencia al exterior. Algunos estaban sentados, otros tomaban un café mientras discutían tranquilamente sobre algún tema sin importancia.

De repente se oyó un ruido cercano a la puerta, alguien se acercaba, las conversaciones pararon y todos los allí presentes miraron instantáneamente hacia la puerta. La puerta se abrió y Juan, Pedro y Antonio entraron en la sala.

- ¡Buenas noticias! -dijo Juan nada más entrar en la sala, levantando los brazos y con una gran sonrisa en la cara- Hoy es un gran día, estamos todos ¿verdad?, bien, vamos a ir sentándonos y empecemos la reunión cuanto antes.

Hubo una serie de saludos entre los ya presentes en la sala y los que acababan de llegar y rápidamente se fueron sentando todos en las diferentes sillas.

Las sillas estaban colocadas formando un circulo, dejando un hueco en el centro no demasiado grande. Había alguna silla de más que se apartó para que el circulo se redujera.

- ¿Qué es lo que te hace tan feliz hoy Juan? -Dijo uno de los asistentes mirando a Juan con expectación.

- Lo que tanto tiempo llevamos esperando -dijo Juan con un tono de voz lo suficientemente bajo para que el sonido no saliera del circulo formado por los presentes-, por fin se ha despertado el último. Y parece estar en buena forma.

Esta frase provocó una serie de comentarios y murmullos.

- ¿Realmente crees que es necesario involucrar a esta persona? Ya sabes lo que pasó con el último que intentamos integrar. Teníamos mucho avanzado y nos hizo bastante daño, aún nos estamos recuperando, y hay mucha gente sospechando, tenemos que tener mucho cuidado. -Dijo uno de los asistentes mayores, tenía el pelo blanco y unas gafas de cristales redondos.

- Sí, Germán -contestó Juan firmemente-. Creo que es necesario, este hombre ha vivido en esa época, es necesario que esté de nuestro lado y que nos ayude.

- Además -continuó Juan- es Irina la encargada de su supervisión. No podíamos haber tenido más suerte.

- Sí, es genial -empezó a decir Antonio- Irina está haciendo un gran trabajo, lleva mucho tiempo moviéndose por círculos bastante peligrosos y siempre consigue convencer a todo el mundo de que haga lo que tiene que hacer.

Juan se levantó y comenzó a andar alrededor del circulo de asistentes. Llevaba las manos a la espalda y andaba erguido, mirando al techo. Los demás asistentes no sabían a donde mirar, la mayoría optó por mirar hacia delante, aunque alguno seguía con la cabeza el movimiento de Juan.

- Señores -comenzó a decir Juan, en un tono bastante elevado-, creo que llegados a este punto, todo el mundo sabe exactamente lo que tiene que hacer.

Terminó de dar la vuelta al circulo de asistentes y con un movimiento rápido, cogió su silla y se sentó nuevamente.

- Que cada cual continúe haciendo su trabajo en su área de influencia -dijo en un tono casi inaudible-, y que nadie utilice la red para otra cosa que no sea quedar para estas reuniones. A partir de ahora no podrá venir nadie que no conozcamos perfectamente. Pronto José Luís, el último en despertar, se pondrá en contacto con nosotros, y empezaremos a movernos de verdad.

- ¿Y qué pasa con los grupos de las demás ciudades? -Preguntó Antonio- ¿seguimos informando y trasmitiendo lo que está pasando? Creo que aún no saben nada de José Luís.

- Por ahora nada -contestó Juan-. Cuando llegue el momento informaremos al resto de grupos. Ahora mismo no necesitan saber qué es lo que está pasando aquí.

Juan se levantó nuevamente y se dirigió hacia una estantería donde había una serie de libros y empezó a buscar alguno con poco interés. Mientras tanto, los demás asistentes separaron un poco las sillas.

Juan cogió un libro de la estantería en el cual se podía leer "El dinero, comercio antes de la guerra". Lo abrió y lo ojeó por encima, buscando ninguna página en concreto.

- Bien -comenzó a decir Juan- Comencemos con la sesión de hoy del grupo de estudio.

Todo es mio -cap 07- Dormitorio

Eran las dos de la madrugada, Irina le había tenido todo el día de arriba para abajo sin parar, enseñándole cosas. Después de la cena a las nueve de la noche, José Luís ya estaba cansado, pero Irina insistió en que debía celebrar su primer día en el nuevo mundo y fueron a ver uno de los numerosos espectáculos que se celebraban cada noche en las plazas.

A José Luís le había sorprendido el poder caminar por la ciudad sin el ruido de los coches, respirando el aire limpio. Había mucha gente en las calles, niños jugando, gente paseando, incluso a esas horas de la madrugada había mucha gente.

Irina le había explicado que al no haber propiedad privada, ni dinero, los robos habían desaparecido. Ya no tenía sentido, era una palabra que ya no significaba nada. Por supuesto que había agresiones y peleas, pero normalmente se resolvían gracias a la intervención de otros ciudadanos.

La policía como tal también había desaparecido, no había ningún cuerpo oficial, según le había contado Irina, ahora la protección de los más débiles frente a los más fuertes era una responsabilidad social.

Entró en la habitación, con las sábanas que había cogido en la entrada, tal y como le había dicho Irina. Habían tenido que subir hasta la cuarta planta para encontrar un par de habitaciones que no estuvieran ya ocupadas, Irina se había quedado en la habitación contigua y había indicado a José Luís en qué habitación entrar.

La habitación no era gran cosa, cuatro paredes de color pastel, un ventanal frente a la puerta, que a estas horas de la noche, permitía la entrada de la luz de la luna. José Luís encendió la luz y observó con más detalle. Había una cama y un escritorio con un terminal.

A José Luís el edificio de dormitorios le recordaba a un hotel o una pensión. Según le había contado Irina, casi todos los edificios de la ciudad eran dormitorios, funcionaban igual que los vestidores o comedores, eran servicios básicos de uso común. Cuando alguien quiere descansar sólo tiene que ir a uno de estos edificios, encontrar una habitación que no esté ocupada y ocuparla. El único requisito es dejar la habitación tal y como se la había encontrado y soltar las sábanas en el cesto de la entrada. Las sábanas, al igual que la ropa de los vestidores, eran lavadas y revisadas por equipos de personas voluntarias.

La habitación tenía un pequeño cuarto de baño, José Luís soltó las sábanas sobre la cama y entró en el pequeño cuarto de baño. Se miró al espejo sin reconocerse. Aún no podía creer que hubiera perdido tantos años de vida en una cama. Ahora era viejo. Se lavó la cara y se quedó ahí frente al espejo unos minutos, observando su cara. Se acordó de su padre, ahora se parecía mucho a él.

Colocó las sábanas lo mejor que pudo. Estaba bastante cansado, el día había sido bastante largo y ajetreado. Había visto muchas cosas y conocido un mundo completamente nuevo para él. Estaba empezando a asimilar los conceptos, la forma de funcionar del nuevo mundo.

Irina era encantadora y muy atractiva. Él era un viejo, estaba sólo en este nuevo mundo, todas las personas que una vez había conocido ahora estaban muertas. No conocía a nadie, pero ahí estaba Irina, acompañándole en cada momento, guiándole por este nuevo despertar, y José Luís empezaba a sentir algo hacia ella. Sabía que era una tontería, que era demasiado mayor, que ella era demasiado joven para interesarse por él.

De todas formas, nada de eso era importante ahora. Comenzaba a recordar sentimientos olvidados, sentimientos que una vez vivió, en otro mundo que ya no existe, sentimientos relacionados con una mujer a la que un día amó, pero que nunca volverá a ver. Comenzó a recordar por qué se alistó en el ejercito para luchar contra los rebeldes, por qué quería morir en la guerra o acabar con todos. Sentado en la cama comenzó a recordar el odio. El odio hacia la gente que venció, el odio contra la gente que había definido el nuevo orden social en el que había comenzado a vivir.

Se tumbó sobre la cama. Esos sentimientos, aunque en su mente eran recientes, ahora carecían de sentido, había pasado mucho tiempo. Demasiado tiempo para seguir cabreado con el mundo por la muerte de la que un día fue la mujer que quiso, la joven que un día murió entre sus manos y que ahora volvía a su mente por el contacto con otra mujer, por Irina.

Se incorporó, no sin esfuerzo y trató de recobrar la compostura. Todo había cambiado. Había pasado mucho tiempo. Ya nada de eso tenía sentido. Era hora de olvidar su pasado, pero no de olvidar quién era, ni tampoco de olvidarla a ella, a ella nunca podría olvidarla.

Se secó las lágrimas, tenía que eliminar esta corriente de pensamiento de su mente, salir de esta espiral de odio y nostalgia. Se levantó y se dirigió al terminal. Irina le había creado un usuario, le había comentado un poco por encima cómo funcionaba, pero no estaba seguro de poder manejarse en un terminal después de cuarenta y dos años.

Encendió el terminal y automáticamente en la pantalla aparecieron dos campos para introducir el nombre de usuario y la contraseña. La interfaz era austera, nada comparado con las interfaces coloridas que él recordaba. Texto negro sobre fondo blanco. Además la pantalla era algo diferente, parecía papel.

José Luís buscó en sus bolsillos hasta que encontró el trozo de papel en el cual tenía apuntadas sus credenciales, las introdujo y rápidamente comenzó a aparecer contenido en el terminal. Al principio todo era confuso, pero en poco tiempo se hizo con la interfaz.

Leyó algunas noticias y opiniones, pero realmente dada su desconexión del mundo actual no entendió gran cosa. Al cabo de un rato leyendo aquí y allá se acordó de Juan y pensó que sería interesante hablar con él, tenía que conocer a otras personas como él. Buscó en sus contactos y encontró a Juan entre ellos, y le escribió un mensaje.

Estaba demasiado cansado, había sido un día muy largo. Era hora de descansar. Se quitó la ropa, apagó la luz y se echó en la cama. Recuerdo fugaces de su vida sobrevolaban su mente, pero José Luís no quería recordar, no quería volver a ese sentimiento de tristeza así que esquivó todo recuerdo como pudo y volvió a pensar en Irina y en el nuevo mundo hasta que sin darse cuenta los pensamientos se mezclaron con sueños y la realidad se difuminó entre sueños.

Todo es mio -cap 08- Salud

La luz entraba por la ventana, ya era de día. Desorientado, y aún entre sueños, José Luís abrió los ojos y poco a poco volvió a recordar el día anterior.

Había una nota bajo la puerta, Irina se había ido, no había querido despertarle.

"
Tengo que irme, come algo, dúchate y cámbiate de ropa, luego busca el hospital de la ciudad. Voy a ayudar hoy un poco allí. No tengas prisa.

Irina.
"

Estaba sólo, no sabía qué hacer, así que siguió las instrucciones de la nota de Irina al pié de la letra. Salió del dormitorio y se dirigió al primer comedor que encontró. Se sentía como en casa ajena, no estaba cómodo. Toda la gente con la que se cruzó en su camino al comedor le saludó amablemente y siguió su camino.

Al entrar al comedor cogió una manzana y un vaso de zumo. Echó un vistazo a las mesas y se dio cuenta de que no había ninguna libre. Parece que se había levantado a la misma hora que todo el mundo. En una de las mesas cercanas, un joven que estaba tomando una taza de té vio dudar a José Luís y le hizo un gesto para que se acercara. José Luís dudó un momento y se acercó a la mesa, saludó y se sentó al lado del joven.

Alrededor de la mesa había cinco sillas, pero tan solo dos de ellas estaban ocupadas. José Luís se sentó al lado del joven.

- Hola -comenzó a decir el joven-, me llamo Manuel y ella es Isabel. Tu nombre es José Luís, ¿no es así?
- Sí -contestó José Luís algo confuso-, así es, ¿cómo sabes mi nombre? ¿nos conocemos de algo?
- Eres algo famoso ¿sabes? -dijo la chica- Eres el último que ha despertado, estás en todas las noticias. Es todo un logro médico que hayas despertado después de tanto tiempo y que estés hoy aquí andando. Soy estudiante de medicina y he estudiado en detalle todos los artículos y estudios sobre la regeneración muscular, en tu caso se han utilizado técnicas experimentales que al parecer han dado muy buen resultado.
- ¿Han estado experimentando conmigo mientras estaba en coma? -Preguntó José Luís ofendido.
- Bueno, esos experimentos han permitido que estés caminando por tu propio pie hoy en día, así que deberías estar agradecido.

José Luís terminó su zumo y mordió la manzana. En realidad no le importaba lo que hubieran hecho con él mientras estaba inconsciente. Seguía vivo y eso era lo que importaba ahora.

- ¿Y estás sólo el segundo día? ¿No tienes ningún guía que te enseñe como funciona todo? - Empezó a preguntar el joven - Según tengo entendido, todo es diferente a como era antes de la guerra.
- Sí -contestó José Luís-, Irina me acompaño durante el día de ayer, tengo que ir a buscarla al hospital, me ha dejado una nota diciendo que iba a ayudar allí.

La cara de Isabel se iluminó, se dibujó una gran sonrisa en su cara. Se levantó de golpe y dijo:

- ¡Genial! Yo te llevaré. Voy para allá a ayudar también, tengo planeadas una par de cirugías para hoy.
- Espera que terminemos el desayuno ¿no? - dijo Manuel.

Isabel se sentó y esperó impaciente hasta que Manuel y José Luís terminaran de comer.

El hospital era un edificio grande, había gente entrando y saliendo del edificio y un par de ambulancias en la puerta. Eran los primeros vehículos no manuales que veía José Luís desde que despertó.

Al entrar por la puerta se encontraron con Irina, vestía una bata verde y estaba allí de pie charlando con dos personas más. Irina saludó a Isabel, parecían conocerse. Después de unos minutos de charla Isabel y las otras dos personas se marcharon, dejando sólos a Irina y a José Luís.

- Bienvenido al gran hospital- Comenzó a decir Irina mientras gesticulaba con sus brazos intentando dar solemnidad a sus palabras.
- Hola, he conocido a Isabel en el comedor, es una chica muy agradable. Me ha contado que soy famoso, he salido en las noticias y eso.
- Sí, eso parece. Pero no te emociones, la fama es efímera. Ven, ya he terminado aquí por hoy, tenemos que hacerte un par de pruebas hoy para ver cómo estás de salud, y ya de paso te cuento un poco cómo funciona todo esto.

Comenzaron a andar por un largo pasillo hasta llegar a una sala de espera con varias sillas. Al final de la sala de espera había una puerta.

- Espera aquí, voy a ver si está la máquina libre para hacerte las pruebas. - Dijo Irina mientras se acercaba a la puerta.

José Luís se sentó en una de las sillas y observó un poco el ajetreo del hospital. Había gente moviéndose, camillas, personas con bata, sin bata, pero dentro de todo el caos, todo parecía funcionar.

Irina volvió a aparecer por la puerta en cuestión de minutos y llamó a José Luís para que fuera para allá. Entraron en la sala. Había una camilla y una gran máquina al lado.

- Siéntate aquí y ponte cómodo, te haré unas cuantas pruebas - dijo Irina mientras sacaba algunas agujas y colocaba algunos cables sobre José Luís.

Irina se movía con soltura con la maquinaría médica, José Luís se relajó, pensó que no tenía por qué preocuparse, y comenzó a hablar mirando al techo para no centrar su atención en las agujas.

- Bueno, ya me contaste que no existe el trabajo como tal hoy en día, ¿y cómo funciona el hospital? Aquí hay médicos trabajando, Isabel mismo me ha dicho que hoy tenía un par de cirugías.
- Sí, hay médicos, hay mucha gente que ha estudiado medicina y que está capacitada para ejercerla. Y si te pones enfermo o tienes un accidente, seguro que habrá alguien que te ayudará. Pero como ya te dije, no es un trabajo. Es algo voluntario. Y resulta que la medicina es una de las actividades en las que hay más voluntarios. Todo el mundo quiere aprender de medicina, son conocimientos muy útiles que mejoran el bienestar de la sociedad al completo.
- ¿y cualquiera puede operar? ¿cualquier persona puede diagnosticar una enfermedad? Pero eso no puede ser.
- Es así - dijo Irina mientras pinchaba con una aguja a José Luís -, por supuesto hay gente con más experiencia que otra y normalmente nadie realiza una operación sin supervisión de un maestro médico. También hay una especie de jerarquía de confianza por experiencia y méritos. En el fondo conocemos a todos los que trabajan normalmente en el hospital y conocemos quién es alumno de qué maestro.

Irina dio la vuelta a la camilla y comenzó a teclear en un terminal que estaba conectado a la máquina médica. Después de unos segundos, comenzó a desenchufar cables.

- Muy bien, parece que todo está correcto, podemos irnos, estás muy sano y parece que tu organismo funciona con normalidad.

José Luís se levantó de la camilla con dificultad. Salieron de la habitación.

- Bien, ¿a dónde vamos ahora? - Preguntó José Luís mientras seguía a Irina por los pasillos.
- Vamos a llegarnos a la farmacia a tomar algunas medicinas y vamos a tomar una ducha que lo necesito después de tanto ajetreo, llevo aquí más de cuatro horas.

Pasaron rápidamente por una sala en cuya puerta había una cruz verde. Irina cogió un par de pastillas que dio a José Luís. Este se las tomó sin rechistar, a estas alturas ya nada le sorprendía. Se dejaba llevar, era lo más fácil.

Mientras salían del hospital recordó la noche anterior. Le había dejado un mensaje a Juan. Tenía curiosidad por ver si le había contestado, tenía ganas de hablar con alguien del pasado, de su todavía presente, este mundo era una locura, todo parecía funcionar, la gente parecía feliz, pero nada tenía sentido para él.

Todo es mio -cap 09- Hijos

Antonio miró su reloj por cuarta vez desde que estaba allí, sólo habían pasado tres minutos, pero ya comenzaba a impacientarse. Había llegado cinco minutos más tarde de la hora prevista, pero no creía que Juan no hubiera esperado ni cinco minutos. Tenía que ser Juan el que se estaba retrasando nuevamente.

Antonio comenzó a andar en la plaza, de un lado para otro, girándose cada cinco pasos. No había mucha gente en la plaza a esa hora de la mañana. No tenía motivos para impacientarse, sabía que Juan siempre se retrasaba, y no era la primera vez que tenía que esperarle, pero esta vez era diferente, habían quedado con otra persona y el retraso de Juan le haría quedar como impuntual a él, y eso le molestaba mucho.

Juan apareció por una de las calles que desembocaban en la plaza, levantó una mano en forma de saludo y Antonio contestó de igual forma, pero con desgana.

- Hola Antonio -dijo Juan mientras llegaba-, ¿qué tal va todo? ¿llevas mucho rato esperándome?
- No, que va -contestó Antonio quitándole importancia, aunque en el fondo sí que le importaba- llevo unos diez minutos aquí. Vamos o llegaremos tarde -apremió Antonio y comenzó a andar con paso ligero.
- Lo siento, he estado viendo a mi hijo, hoy es su cumpleaños.
- ¿Otra vez has estado viéndole? Pero si vas todos los días a verle, ayer mismo estuviste dos horas, no sé que haces allí tanto tiempo. -Dijo Antonio con cierto desprecio.
- Ya te he dicho que es su cumpleaños. Un padre debe estar con su hijo el día de su cumpleaños. Ya tiene tres años.
- Sigo viéndolo como una perdida de tiempo, para eso están las escuelas y los cuidadores. Si te interesa la educación siempre puedes estar unas horas como cuidador en cualquiera de las escuelas.

Giraron a la derecha, Antonio miró el reloj nuevamente y apretó un poco el paso. Juan tuvo que correr un poco para poder ponerse a su altura.

- Sabes que estoy totalmente en contra del sistema educativo actual. Cada persona debería encargarse de criar y educar a sus propios hijos, y no parir y dejarlos en una escuela para que el sistema se encargue de todo. Mucha gente no ve a sus hijos nunca, y cuando los vuelven a ver ni siquiera saben que son suyos. -Dijo Juan algo molesto, ya habían discutido sobre este tema varias veces y le molestaba que a Antonio le gustara tanto el sistema actual.
- Pues a mi me gusta, hay mucha gente que no puede encargarse de criar y educar a un niño, es algo que requiere un mínimo de conocimientos y dedicación.
- ¡No me lo puedo creer! -Gritó Juan- Otra vez estamos con la misma historia. Te lo he explicado millones de veces, la educación es la base de la sociedad. La herencia genética es sólo una parte de lo que eres, la educación, es otra parte y es la herencia más importante que debería recibir de sus padres un crío. La educación es lo te define cómo y quién eres, si todos recibimos la misma educación todos seremos iguales, clones, copias con las mismas ideas y los mismos pensamientos.
- ¿Crees que soy un clon, una simple copia? -dijo Antonio aparentemente molesto- Yo me he criado en una escuela actual y he aprendido muchísimo. No conozco a mis padres, y en ningún momento lo he necesitado. ¿Te crees superior porque tu padre no te llevó a una escuela y te crió personalmente?
- No quería decir eso -dijo Juan intentando calmar a Antonio- es sólo que creo que la forma actual no es la más adecuada.

La pareja cruzó por otra gran plaza, llena de gente, era el día del mercado y la plaza estaba llena de estantes con comida y productos artesanales. Había mucha gente paseando entre los puestos, gente hablando con los encargados de los diferentes puestos, gente que iba a coger algún pastel a un puesto y luego se iba a ver las marionetas del centro de la plaza.

- Hay mucha gente en el mercado hoy -dijo Juan asombrado.
- Sí, parece que el buen tiempo hace que todo el mundo quiera salir a dar una vuelta. Es agradable desayunar en la plaza con el sol en lugar de en un comedor -comentó Antonio.
- Estamos a punto de llegar, hemos quedado al cruzar la plaza, allí junto a la puerta de la biblioteca.
- Llegamos tarde, para ti no es algo nuevo, pero yo no suelo retrasarme, es una falta de respeto -dijo Antonio, ahora sí que parecía molesto.
- Sabía que te había molestado -comentó Juan entre risas-. Eres un maníaco del tiempo. Nadie es tan puntual como tú, si llegas el primero siempre tendrás que esperar.

Llegaron al punto de encuentro, y allí no había nadie. Antonio miró alrededor algo molesto y se cruzó de brazos.

- Pues parece que tienes razón, no ha llegado aún. Puede que sea verdad que yo sea la única persona que es puntual. Quizás mi reloj está mal -dijo Antonio resignado.
- Venga, no te pongas así, podemos esperar cinco o diez minutos a que llegue, hemos quedado con el grupo dentro de media hora. Tenemos tiempo de margen.
- ¿Y qué opina Irina de que visites todos los días a vuestro hijo? -Dijo Antonio cambiando de tema.

A Juan le sorprendió la pregunta, no se esperaba una pregunta tan personal, Antonio no era de esas personas que se preocuparan por las relaciones personales.

- Ya sabes cómo es. No le importa lo más mínimo lo que yo haga mientras que no le afecte a ella -contestó Juan.
- Pero Irina no piensa igual que tú sobre la educación. Le gusta el sistema actual y la liberación que supone para los padres y sobretodo para las madres.

Juan se movió algo nervioso, miró al cielo un rato y después dijo:

- Está bien, dejemos el tema de los hijos. He llegado un poco tarde porque he estado con mi hijo, ya está, no hagamos una montaña de un grano de arena. Mira, por ahí viene.

José Luís apareció entre la gente saludando, llegaba un poco tarde, pero no parecía preocupado por eso.

- Hola, me ha costado un poco encontrar el lugar, después de una semana aquí no me hago con la ciudad, las bicicletas y el sistema caótico de movimiento de gente de aquí para allá -dijo José Luís al llegar.
- Bueno, entremos, quiero hablar contigo antes de que llegue todo el mundo y comencemos la sesión de hoy -dijo Juan mientras guiaba a José Luís hacia la biblioteca.

Antonio les siguió, mascullando entre dientes por la falta de respeto y la inpuntualidad de todo el mundo.

Todo es mio -cap 10- Mundo

Juan entró en la sala seguido de Antonio y José Luís. Era una gran habitación, las paredes estaban cubiertas por estanterías gigantescas llenas de libros. También había varios terminales repartidos por la sala.

Al lado de la puerta había un montón de sillas apiladas, Juan cogió un par de sillas del montón y las colocó en el centro de la sala.

- Puedes sentarte José Luís -dijo Juan señalando una de las sillas. Al mismo tiempo que Antonio colocaba una tercera silla al lado y se sentaba.
- Gracias -dijo José Luís acercándose a la silla.

Los tres estaban sentados en el centro de la sala, sólo tres sillas alineadas, formando una ligera curva. Juan cogió su silla, la puso frente a las otras dos y se sentó con el respaldo hacia delante cruzando los brazos sobre el respaldo.

- Bien, es genial que te hayas decidido a venir a una reunión. Será muy interesante para todos nosotros el poder contar con alguien que realmente ha vivido en la sociedad que estudiamos -comenzó a decir Juan.
- Es un placer -dijo José Luís-, todo ha cambiado mucho, ya casi nada es como lo recuerdo.
- Todo ha cambiado mucho más de lo que crees -dijo Antonio-, lo que has visto no son más que pequeños cambios en la sociedad y la vida en la ciudad, pero el cambio ha sido global. Todo el mundo ha cambiado. Según las películas y los documentos que tenemos por aquí el mundo en general ha cambiado muchísimo en tan poco tiempo.

José Luís miró a Antonio algo sorprendido. Era un personaje algo particular, parecía nervioso y constantemente miraba el reloj. Le incomodaba un poco la presencia de Antonio.

- Sí, durante el tiempo que llevo despierto he estado leyendo noticias y algunos libros -contestó José Luís mirando a Antonio-. La verdad es que me ha sorprendido mucho que ya no haya vuelos diariamente. He visto un estudio sobre las migraciones de gente en los últimos años y no tiene nada que ver con lo que había antes.
- Mantener el nivel de aeropuertos y aviones con el sistema social actual no es viable, se han desarrollado medios de transporte más eficaces energéticamente -comenzó a decir Juan-, pero no son tan rápidos. Los trenes están bien y actualmente casi todos utilizan energías limpias para funcionar. Sin embargo los trayectos entre continentes siguen siendo muy pesados. Tenía que ser genial poder viajar en un mismo día de Europa a Australia.
- Sí, bueno -contestó José Luís-, en realidad yo nunca realicé un viaje en avión que saliera de Europa, pero sí, había gente que viajaba alrededor del mundo constantemente.

Juan dio la vuelta a su silla y se sentó más cómodamente, acercándose un poco más a José Luís, y comenzó a hablar en un tono un poco más serio:

- Como sabrás, la guerra no fue un enfrentamiento local. El sistema económico y social que había antes era algo global y las revueltas se fueron extendiendo de un país a otro como una plaga. La red ayudó mucho a difundir el conocimiento y a la organización de los grupos rebeldes. Por eso el último intento para frenar esto del sistema anterior nos dejó un mundo prácticamente desconectado, se cargaron lo que se conocía como internet.
- ¿Pero cómo es posible eso? -preguntó José Luís asombrado- Si hoy en día hay terminales por todas partes, y he visto que no es algo local, hay comunicación internacional.
- Sí, es verdad -contestó Juan-, en realidad la red que hay actualmente es una red secundaria, totalmente descentralizada que se formó por voluntarios rebeldes poco antes de que cortaran la antigua red. Por eso no sirvió de nada el que acabaran con internet. Para cuando lo hicieron ya existía otra red totalmente funcional, y realmente distribuida. Por supuesto la red que tenemos ahora no es nada comparado con lo que había antes. Se han hecho muchos avances en cuanto a velocidad de transferencia y demás, pero hoy en día sigue primando la privacidad y la distribución de la red y el contenido antes que la velocidad o la cantidad de información que se pueda transmitir.
- Pues pensándolo bien -comenzó a decir José Luís-, es algo bastante sorprendente que en este tipo de sociedad exista algo tan complejo y delicado como una red de comunicación internacional. Si no hay empresas que se encarguen de eso, quién se preocupa de mantener las instalaciones, los servidores, los cables, es extraordinario que esto funcione.
- Pues sí, es una de las maldiciones de la sociedad actual. No puede haber confianza plena en nada. No puedes fiarte de que mañana puedas hablar con la gente de América porque puede que un cable o una conexión se rompa y no haya nadie que quiera arreglarlo. Sí, realmente siempre puedes ir tú, ver el problema y arreglarlo, pero para ello hay que tener unos conocimientos avanzados que te llevaría mucho tiempo aprender.
- En mis tiempos era todo mucho más fácil -dijo José Luís-, si había algún problema llamabas al servicio técnico, había una empresa detrás de cada servicio, podías confiar en que si algo no funcionaba habría alguien encargado de arreglarlo.
- Pues todo ha cambiado. A nivel mundial -empezó a decir Juan-, no existe ninguna empresa, ninguna entidad que te ofrezca confianza sobre algún servicio o producto. No existe el dinero, por lo que no hay inversión ni motivación para hacer estudios prácticos sobre nuevas tecnologías.
- Pero Irina me ha contado que actualmente todo el mundo tiene estudios superiores, o algo correspondiente, todas las universidades siguen funcionando y el acceso es totalmente libre -dijo José Luís.
- Sí, es verdad -contestó Antonio-, hoy en día todo el mundo estudia lo que más le interese, pero el estudio en las universidades se ha orientado muchísimo hacia la teoría puesto que ya no se necesita financiación para funcionar. Y los estudios más prácticos como ingenierías o estudios técnicos se han ido olvidando, puesto que su principal motivación era la formación para desempeñar un trabajo en una sociedad que ya no existe.
- Por lo tanto -retomó la palabra Juan-, hoy en día el nivel medio de cultura ha subido. Las ciencias como las matemáticas, la física, la biología, son lo más valorado, junto con las artes. Creo que hace falta otro tipo de motivación para incentivar el avance tecnológico similar al vivido en el siglo veinte.
- Tampoco sería justo decir que no ha habido avance tecnológico desde el cambio de sociedad -puntualizó Antonio.

Antonio se levantó de su silla, se dirigió a una de las estanterías y cogió uno de los libros. Había una foto de la luna en la portada. José Luís miró extrañado como volvía a su silla Antonio sonriendo. Parecía entusiasmado.

- Como puedes ver aquí -comenzó a decir Antonio enseñando el libro a José Luís-, poco después de la guerra se relanzó la exploración espacial, que parecía estar parada desde la guerra fría. Poco tiempo después se consiguió llegar a la luna, con un nuevo tipo de transporte unipersonal impulsado por energía nuclear. Fue un gran avance y actualmente existe una base permanente en la luna. Ya hay incluso una generación que ha nacido en la luna y que nunca ha visitado la tierra.

José Luís estaba asombrado ante la charla de Antonio. No sabía nada acerca de la base lunar, le extrañaba no haber escuchado nada sobre eso desde que había despertado.

- Sí, bueno, hubo un gran avance tecnológico justo después de la guerra -comenzó a decir Juan-, pero últimamente la exploración espacial está de capa caída. Hace muchísimo tiempo que nadie viaja a la luna. Es verdad que desde la estación lunar han viajado a marte y ha habido investigación y naves para intentar salir del sistema solar, pero en realidad hoy en día la gente de la luna está desconectada de la tierra, y desde la tierra parece haberse perdido el interés por volar. Las nuevas generaciones parecen estar interesadas sólo en la filosofía y el arte y el avance de la humanidad está parado. Está claro que necesitamos un cambio para que la decadente sociedad vuelva a la innovación tecnológica y al avance.
- Recuerdo que había mucha investigación y tecnología -dijo José Luís-, los gobiernos dedicaban grandes cantidades de dinero en investigación militar, pero sobretodo eran las grandes empresas, en el mundo globalizado las que invertían mucho dinero en tecnología que pudiera dar un gran beneficio. En este tipo de sociedad, sin el dinero, tiene que ser imposible emprender un proyecto de gran envergadura que englobe a mucha gente. Si no existe el dinero ni el trabajo, cómo puede llevarse a cabo un proyecto complejo.
- Como hemos estado hablando -contestó Juan- no es posible.

En ese momento un grupo de cinco personas entró por la puerta. Antonio miró su reloj nuevamente y dijo:

- Pues parece que ya es la hora, está empezando a llegar la gente, José Luís, ven, te presentaré al resto del grupo.

Mientras Antonio presentaba a José Luís ante el grupo de gente que había llegado, otra persona entró en la sala. Era Irina. José Luís observó como Juan se acercó a ella y la saludó agarrándola por la cintura y dándole un par de besos. José Luís había pasado casi todo el tiempo que llevaba desde el coma con ella y había comenzado a sentir algo, por eso el ver cómo la besaba Juan le molestó un poco. Pero en realidad era una tontería, José Luís ahora era un viejo, e Irina no era la mujer de la que él había estado enamorado en su juventud, por mucho que le recordara a ella, por mucho que despertara viejos sentimientos.

José Luís se vio recordando el odio, todo lo sentido durante la guerra, todos los recuerdos que había dejado atrás y que quería olvidar. Se dio cuenta de que estaba muy tenso, con los puños cerrados, volvió su atención a la gente que tenía alrededor y comenzó a relajarse un poco.

Todo es mio -cap 11- Conspiración

José Luís llegó a la biblioteca, como cada jueves desde hacía ya un mes, para la reunión semanal de estudio de la sociedad antigua.

Había quedado con Juan una hora antes. Juan le había dicho que podían quedar antes e ir a comer algo, quería hablar con él a solas antes de la reunión.

Tras un corto minuto de espera José Luís vio como aparecía Juan por una de las calles subido en una bicicleta. Se bajó de la misma y saludó a José Luís.

- Hola, perdona, llego un poco tarde -dijo Juan y soltó una amplia sonrisa-, como siempre.
- No importa, yo acabo de llegar.
- Suelto la bici y vamos al comedor que hay aquí al lado.

Juan soltó la bicicleta y volvió rápidamente. Los dos empezaron a andar en dirección al comedor. Estaba al cruzar la calle, por lo que no tardaron nada en llegar.

Entraron en el comedor, Juan se sirvió una taza de té y José Luís cogió un poco de café recién hecho. Sin mediar palabra se dirigieron a una pequeña mesa que había en un rincón de la sala. Eran las nueve de la mañana y no había mucha gente en el comedor a estas horas, sólo estaban ocupadas tres mesas de las veinte que había.

- Bueno, ¿qué querías contarme? -preguntó José Luís tras beber un largo sorbo de café.
- Verás, es sobre un proyecto en el que llevamos trabajando mucho tiempo.
- ¿Llevamos? ¿Qué proyecto? ¿Quién más está implicado?
- Oh, mucha gente, más de la que te puedas imaginar. Es un proyecto complejo, que empezó mi padre hará ya unos diez años -dijo Juan, tras decir esto agarró la taza de te con las dos manos y tomó un sorbo-. Como ya te he contado en varias ocasiones, mi padre era como tú, de tu edad, luchó en la guerra en el mismo bando que tú.
- ¿Y de qué se trata? ¿En qué consiste ese proyecto?

Juan tomó otro sorbo de té, tranquilamente, sin prisa por contestar. José Luís no era una persona impaciente, pero esas largas pausas tras una pregunta le hacían dudar si debería insistir en la pregunta. Tras el sorbo Juan soltó la taza lentamente sobre la mesa y se inclinó un poco hacia delante acercándose a José Luís.

- Recuperemos el mundo -susurró Juan mirando fijamente a los ojos a José Luís, y se retiró rápidamente, recuperando una postura normal y volviendo a coger su taza con las dos manos.

José Luís, extrañado por las palabras no contestó inmediatamente, se tomó su tiempo para pensar en el significado de aquello. Juan se reclinó sobre la silla, dejó caer un brazo por detrás del respaldo y con la mano libre cogió la taza de té y bebió, mientras no dejaba de mirar a José Luís a los ojos.

José Luís había hablado mucho con Juan durante el último mes. Además de todas las reuniones semanales, se veían a menudo para comer o para pasear. Disfrutaba mucho de la compañía de Juan y de sus largas charlas sobre el estado actual de la sociedad y sobre la forma de vida de antes de la guerra.

Sabía que Juan no estaba contento con el sistema actual, y que, quizás por las historias de su padre, o por los muchos libros e historias que había leído, Juan veía la sociedad anterior a la guerra como una época de esplendor de la humanidad.

Rápidamente José Luís se dio cuenta de qué quería decir Juan, y al darse cuenta su corazón se aceleró, tan sólo de pensar en las implicaciones que iban implícitas en esas palabras.

- ¿Pero cómo? ¿A qué te refieres? -Preguntó José Luís, en un tono de voz similar al último utilizado por Juan.
- Sabes perfectamente a qué me refiero -contestó Juan con un tono normal y despreocupado. Acto seguido se volvió a acercar y bajó nuevamente el tono de voz-. La humanidad está en decadencia, debemos recuperar el modelo social que nos permitió avanzar, debemos volver a un mundo más justo.

José Luís no podía creerse lo que estaba escuchando. De pronto, y dado el tono de la conversación se percató de que quizás lo que se traían entre manos no debía de ser conocido por nadie más y empezó a mirar alrededor para ver si alguna de las personas que andaban por el comedor se había enterado de algo. Todo parecía normal, la gente que había allí seguía comiendo, con sus conversaciones, nadie parecía prestarles atención.

Juan le cogió del brazo y José Luís volvió a centrar su mirada en la cara de este.

- No te preocupes, como ya te he dicho, es un proyecto que comenzó mi padre hace diez años y hay mucha gente implicada en el mismo -comenzó a decir Juan-, no somos tres locos contra el mundo. Es una realidad que hay mucha gente descontenta y por eso no es nada descabellado.
- ¿Pero por qué? -José Luís empezó a dudar, ya no era el joven que un día fue, ahora ya no tenía ganas de luchar- En todo el tiempo que he estado aquí no he visto tanto descontento.
- No lo habrás visto, pero existe. Ya lo hemos hablado varias veces, y sé que estás de acuerdo conmigo. Esta sociedad no es nada justa. Muchas personas trabajamos muchísimo y no se nos recompensa, hay muchísima gente que se pasa el día cantando y durmiendo y luego comen el pan que yo he fabricado o utilizan las duchas limpias que yo acabo de recoger. No hay ninguna motivación para trabajar y cada vez más gente se está acomodando, la sociedad está en decadencia y si seguimos así, muy pronto nadie hará nada, viviremos como lagartos todo el día al sol, hasta que nos muramos de hambre.
- Pero... -comenzó a decir José Luís, dudando- sí, estoy de acuerdo contigo, pero ¿por qué me cuentas esto a mi? Ya soy un viejo, no puedo aportar nada.
- Te equivocas -contestó Juan efusivamente-, eres la pieza más importante del puzzle. Tú eres una de las personas que tiene los recuerdos más frescos de cómo se vivía antes. Eres la última persona que quedaba por despertar después de la guerra, tú eres la persona que puede movilizar a todo el mundo para comenzar el cambio. Tus palabras son el arma más poderosa que tenemos.

Juan se levantó y cogió su taza de la mesa. Le dio el último sorbo para terminar con el poco té que le quedaba y dijo:

- Volvamos a la biblioteca, te contaré más detalles allí.

José Luís le siguió y en cinco minutos estuvieron dentro de la sala donde solían hacer las reuniones del grupo de estudio de la sociedad antigua.

- Todo el grupo de estudio no es más que una tapadera -comenzó a decir Juan-, realmente toda la gente que viene aquí cada jueves está informada y forma parte del plan. Como este grupo existen muchos alrededor del mundo y estamos coordinados, pero todo esto tiene que comenzar aquí, tiene que comenzar por nosotros. Tenemos los medios y la oportunidad, ahora es el momento de actuar.

De repente se abrió la puerta de la biblioteca y entró Antonio en la sala.

- Qué oportuno -dijo Juan-, Antonio llegando a tiempo, como siempre. Bien, José Luís, Antonio nos contará más detalles sobre el plan, pero antes, esperemos a que llegue todo el grupo. Hoy es el día en el que comenzaremos a cambiar el mundo.

Todo es mio -cap 12- Plan

Antonio se acercó a Juan y a José Luís, cogió una silla y se sentó. Respiraba con algo de dificultad, se notaba que había venido corriendo. Respiró hondo, Juan y José Luís estaban mirándole, esperando pacientemente.

- Hola -dijo Antonio finalmente-, perdonad, necesito recuperar el aliento.
- Bueno, respira un poco -contestó Juan-, acabo de contarle a José Luís el proyecto que nos traemos entre manos. Ahora que acabas de llegar quizás puedas contarle más acerca de los detalles del plan.

Antonio, ahora más relajado se secó el sudor de la frente y se limpió la mano húmeda sobre la camiseta.

- Sí, bueno, antes de nada quería hablar contigo, hay algo que tengo que contarte, tenemos un problema.
- ¿Qué problema? -preguntó Juan preocupado.

Antonio miró a Juan y después hizo un rápido gesto hacia José Luís.

- Puedes hablar delante de él -dijo Juan mirando a José Luís-, ya le he contado todo lo que tenía que saber, está informado y es de confianza.
- Se trata de Felipe, como sabrás le estaba siguiendo de cerca desde hace un par de meses, cuando nos enteramos de que andaba hablando de más.
- Sí, lo recuerdo -dijo Juan ahora con cara de preocupación-, ¿qué ocurre?
- Ha vuelto a hacerlo, no estaba seguro de que esto fuera buena idea y ha estado contando historias por ahí. La gente estaba empezando a creer esas historias y se ha convertido en un problema para nosotros.

Juan se movió incomodo en el asiento. De repente se levantó e hizo un gesto de rabia lanzando un puñetazo hacia el suelo. Luego se tranquilizó un poco, respiró y dijo:

- Vale, no pasa nada, ya ha comenzado todo, es tarde para pararlo. Pero de todas formas deberíamos tomar medidas para que perjudique lo menos posible al plan.
- En cuanto me enteré envié un mensaje a Irina, me ha dicho que ella se encarga, que no nos preocupemos, pero yo no estaría tan seguro, creo que deberíamos esperar un tiempo antes de hacer nada, ahora hay gente sospechando y esa gente puede ser muy molesta. Y también está el tema de Felipe, sabe demasiado y anda por ahí hablando con gente con la que no debería hablar.
- Bueno, no hay problema -dijo Juan ya más calmado, volvió a sentarse-, Irina sabrá que hacer, confiemos en ella. El plan debe seguir adelante, es ahora o nunca, es el momento, tenemos la oportunidad de cambiarlo todo y si esperamos más tiempo puede ser mucho más difícil.

José Luís seguía la conversación entre los dos jóvenes con interés, todavía estaba sorprendido por lo que le había contado Juan y ahora llegaba Antonio, más nervioso que nunca.

- Volvamos al plan -dijo Juan mientras ponía una mano suavemente sobre el hombro de José Luís-, José Luís tiene que saber más detalles sobre lo que nos traemos entre manos.
- De acuerdo -comenzó a decir Antonio-, no sé hasta dónde te ha contado Juan, pero bueno. Intentaré resumir el asunto. No somos un grupo aislado de cuatro locos. Hay mucha gente en el mundo que comparte nuestras ideas, y estamos organizados. En cada ciudad, en cada barrio, existe un grupo como el que tenemos aquí. Todos están informados y cuando llegue el momento atacaremos con todas nuestras fuerzas. Llevamos años planeando el cambio y estamos preparados, tenemos armas y formación estratégica, no hay nada que temer.
- ¿Armas? ¿qué tipo de armas? -Comenzó a preguntar José Luís-, nosotros teníamos armas, el ejercito estaba de nuestro lado, y sin embargo perdimos. Estábamos mucho más preparados, pero lo que me dejó en coma tanto tiempo, ¿qué pasa con eso? ¿No podrán utilizarlo otra vez y vencernos de igual manera?
- No -respondió Antonio-, los rebeldes tenían una gran ventaja en la guerra, los ejércitos subestimaron el poder del pueblo, no se esperaba una respuesta armada tan numerosa, y por otra parte, hemos estudiado todas las armas selectivas desarrolladas durante ese periodo y posteriormente, y estamos preparados, esas armas no nos afectarán. Tenemos gente de nuestro lado en casi todos los laboratorios del mundo, si se intenta desarrollar otro tipo de arma, nos enteraremos antes de que sea efectiva.
- Somos muchos -comenzó a decir Juan emocionado. Volvió a levantarse y se puso frente a José Luís-, ahora mismo somos invisibles, en todas partes, en todos los sectores de la sociedad, hay gente de nuestro lado, tenemos una gran ventaja ahora mismo.
- Vale -dijo José Luís más convencido-, parece que habéis pensado en todo. Entonces, ¿cuál es el plan? ¿Mandar la señal y atacar todos a la vez?
- Nada de eso -contestó Juan-, el plan es hacerlo de forma incremental, lo principal es tomar esta ciudad. Todo tiene que empezar aquí, cuando restablezcamos un orden social justo y coherente aquí, los demás grupos tendrán mucha más confianza en el plan, y comenzarán a actuar siguiendo nuestros pasos. Empezaremos con un objetivo simple, pequeño, y después avanzaremos cada vez más rápido hasta conquistar el mundo.

De repente se abrió la puerta de la biblioteca y entró Irina. Estaba completamente manchada de rojo, la cara desencajada, la mirada perdida y respiraba con dificultad.

- Felipe ha muerto.
- ¿Cómo? -preguntó Antonio visiblemente asustado- ¿Por qué le has matado Irina? No era necesario llegar a eso, podíamos haberle retenido hasta que todo terminara.
- No le he matado gilipollas -contestó Irina visiblemente cabreada, mirando a Antonio con furia. Volvió a mirar a Juan y continuó-, se ha volado la cabeza delante mía.

Juan se acercó lentamente a Irina, le puso los brazos sobre los hombros y trató de calmarla, ella se retiró de él, apartó los brazos de Juan con un gesto y dio unos pasos hacia atrás.

- ¡Déjame! -gritó Irina. Recobró la serenidad y manteniendo la mirada de furia continuó hablando lentamente, con la voz entrecortada, casi llorando- Después de recibir el mensaje de Antonio le seguí para intentar convencerle de que seguir con el proyecto era lo más sensato. Fue directamente al almacén donde guardamos las armas, creía que quería desvelarlo todo...

Irina hizo una pausa, se giró y se agachó con gesto de dolor. Vomitó allí mismo. Se limpió la boca con la manga de la camiseta manchada de sangre y continuó sollozando.

- Iba a quemarlo todo, quería reventar el arsenal de armas que tanto esfuerzo nos ha costado reunir, yo quería impedírselo. Le sorprendí allí e intenté convencerle de que lo dejara, pero entonces, cogió una pistola. Por un momento creí que iba a dispararme a mí, pero cuando le grité que no lo hiciera, se puso la pistola en la cabeza y se voló la cabeza allí mismo.

Juan, Antonio y José Luís miraban sorprendidos a Irina, ninguno sabía qué decir, qué hacer. Después de unos segundos de silencio, que parecieron eternos, Juan dijo:

- Tranquila Irina, ya ha pasado. ¿Qué has hecho con el cuerpo? ¿Se ha enterado alguien?
- ¡No lo entiendes! -gritó Irina empujando a Juan- Felipe se ha volado la cabeza delante de mis narices. Creí que podría soportarlo, pero no puedo.

Irina se tapó la cara con las dos manos y se encogió. De repente soltó un grito desgarrador y salió corriendo de la sala. Inmediatamente Juan se giró hacia Antonio y José Luís que seguían observando la puerta de la biblioteca sin parpadear.

- Esto no cambia nada -comenzó a decir Juan-, en todo caso hace que tengamos que acelerar las cosas si queremos conseguir algo. Es hora de moverse. Antonio -dijo Juan mientras le apuntaba con un dedo-, encárgate del tema de Felipe y el almacén, evita que se entere nadie de esto antes de tiempo.

José Luís seguía mirando la puerta, no había escuchado nada de lo que había dicho Juan, aún tenía en las retinas la imagen de Irina bañada en sangre y llorando, no podía quitarse esa cara de la cabeza.

- José Luís -dijo Juan desde el borde de la puerta-, espera a Pedro y a los demás, coméntales lo ocurrido y diles que empiecen a mover los hilos, ha llegado el momento. Ellos te dirán qué hacer.

Juan y Antonio salieron corriendo de la sala dejando allí a José Luís que no se había movido de su silla. Todo volvía a empezar otra vez, la guerra. La imagen de Irina bañada en sangre atrajo los recuerdos que José Luís había tratado de ocultar desde que despertó. La muerte de un ser amado, el dolor, el sufrimiento. Otra vez quería volver a luchar, estaba sediento de sangre, sintió como la rabia volvía a tomar el control de su mente, y ahora no hizo nada por intentar evitarlo, ahora quería sentirse furioso.

Y de repente comenzó a ver claro el plan. Comenzó a ver pequeños detalles de las últimas reuniones, a ver mensajes ocultos donde antes sólo había visto noticias, de repente supo lo que tenía que hacer, y a diferencia de la última vez que tuvo que luchar, ahora tenía la confianza de que vencería. No tuvo que esperar a Pedro para saber qué hacer, se dirigió al terminal más cercano y comenzó a escribir.

Todo es mio -cap 13- Guerra

Despertó en mitad de la noche. Todo estaba oscuro, pero de vez en cuando la habitación se iluminaba mostrando siniestras sombras a las que acompañaban sonidos estridentes. José Luís llevaba dos semanas sin poder dormir una noche completa.

Sin embargo no era el ruido de la guerra lo que le impedía dormir, al ruido de los disparos y las explosiones se había acostumbrado. Lo que no le dejaba conciliar el sueño era la imagen de Irina ensangrentada en la biblioteca. Cada vez que cerraba los ojos veía esa imagen aterradora, ese miedo en su cara, y volvía a recordar su juventud, su amada, en cada sueño la mujer ensangrentada pasaba de ser Irina a ser Isabel, su amada, que volvía a morir en sus brazos una y otra vez, cada pesadilla terminaba en un grito desgarrador que hacía que se despertara.

Antonio estaba en la habitación con él. Desde que comenzaron a luchar ni Antonio ni Pedro se habían separado de él y se turnaban para vigilar.

- Vuelves a gritar mientras duermes.
- El sonido de la guerra nunca ha sido una buena melodía para dormir -contestó José Luís ocultando la verdadera razón de sus gritos. No había contado nada de sus pesadillas a nadie, a nadie le podría interesar su tormento del pasado.
- Pedro salió hace un par de horas, ha recibido un mensaje de Juan y ha ido a recogerle, pronto estarán aquí.
- ¿Juan? -preguntó José Luís- No le hemos visto desde que salió corriendo tras Irina, ¿se sabe algo de ella?
- Nada nuevo, Juan no ha comentado nada más, solo sabemos lo que dijo el día después de que todo comenzara, cuando dijo que todo estaba controlado y desde entonces no hemos vuelto a hablar del tema.

José Luís se levantó de la cama, el silencio de la noche era interrumpido intermitentemente por gritos y disparos, después volvía el silencio, como si nada pasara. Todas las noches eran iguales, el sonido de fondo formaba parte de su vida desde que todo comenzó, tan solo interrumpía sus conversaciones con Antonio que se suspendían cuando los gritos se acercaban demasiado, volviendo a recobrarse el hilo de la conversación tras echar un vistazo y observar que no había ningún peligro.

Tenía muchas ganas de volver a ver a Juan, el plan estaba funcionando, se habían encontrado con más resistencia de la esperada, pero con un poco de retraso todo parecía ir como debiera. Juan estaría muy contento de todo lo que habían conseguido y José Luís había sabido muy bien como moverse. En cierto sentido José Luís esperaba la aprobación y admiración de Juan por todo lo conseguido. Esta era su guerra y la estaba ganando, ahora estaba consiguiendo lo que hace cuarenta años no pudo.

De pronto Antonio se puso en pie y se acercó a la puerta rápidamente, llevándose un dedo a la boca para indicar a José Luís que guardara silencio. Cogió la pistola y se escondió tras la puerta. José Luís se movió sigilosamente hasta esconderse tras una sombra. Se oyeron pasos que se subían las escaleras apresuradamente, alguien se acercaba, entonces Antonio bajó su pistola y abrió la puerta. Había escuchado la voz de Juan y Pedro y les dejó pasar.

Tanto Juan como Pedro venían armados con fusiles. Soltaron todo el armamento sobre la cama y se produjeron varios saludos efusivos y abrazos.

- Hoy es un gran día chicos -comenzó a decir Juan después de los saludos y abrazos.
- Nos complace verte vivo después de tanto tiempo e incertidumbre, pero creo que no es para montar una fiesta -contestó Pedro con aire festivo. Todos rieron durante unos segundos creando una estampa macabra de risas entrelazándose con los gritos intermitentes de la calles. Pronto volvieron las caras de seriedad.
- Como bien sabéis -volvió a tomar la palabra Juan-, la ciudad está prácticamente tomada. Cuando amanezca habremos acabado con todos los rebeldes y será el momento de comenzar a dictar las normas de la nueva sociedad por la que tanto hemos luchado.

Juan se acercó a José Luís y le puso una mano en el hombro izquierdo.

- Todo esto ha sido gracias a José Luís, gracias a su gran intuición y sabiduría hemos conseguido lo que mi padre un día llegó a soñar.
- Tan solo he hecho lo que debía hacer -contestó José Luís con falsa modestia.

Este pequeño triunfo tenía un sabor amargo para José Luís, su vida había cambiado muchísimo en las últimas dos semanas. Había visto a mucha gente morir, había vivido mucho sufrimiento. Los primeros días había temido por su vida, pero poco a poco comenzó a perder el miedo a la muerte y a plantearse el sentido de todo aquello. Por supuesto no compartió sus dudas con nadie, le habrían acusado de traidor, habría paralizado la revolución, él estaba al mando y no podía dudar. Sin embargo lo hizo, pero el anuncio de victoria por parte de Juan le había hecho volver a creer que todo tenía sentido.

- Además -continuó hablando Juan, girándose hacia los otros dos- esto no es todo. Acaba de llegar a mí la información de que al menos ciento cincuenta ciudades comenzaron ayer a levantarse siguiendo nuestro ejemplo.
- Está sucediendo, el plan que ideamos en un principio está funcionando -Comentó Antonio algo exaltado.

Volvieron a reír durante unos segundos en la oscuridad bañada por las ráfagas de luz de la guerra que se vivía ahí fuera. De repente la cara de José Luís cambió, se quedó mirando a la pared fijamente, con gesto serio. Había visto una sombra que volvió a traer a su mente la pesadilla recurrente. Volvía a pensar en Irina.

- Hace mucho tiempo que no nos vemos Juan -comenzó a decir seriamente José Luís-, ¿qué pasó finalmente con Irina? Me gustaría que ella estuviera aquí también para poder celebrar el triunfo.

La cara de Juan pasó de la alegría a la seriedad tan pronto como escuchó el nombre. Se acercó a la cama y se sentó pesadamente. José Luís se sentó al lado de Juan.

- Bien, creo que ya es hora de que os cuente todo lo que pasó -comenzó a decir Juan-, como sabéis Irina estaba muy afectada por la muerte de Felipe y yo salí corriendo tras ella para calmarla. Sabía perfectamente hacia donde se dirigía, así que aceleré el paso y la alcancé antes de que llegara al parlamento...

José Luís seguía con mucho interés lo que Juan estaba contando. Antonio y Pedro que aún estaban de pié se acercaron un poco a Juan y se sentaron en el suelo, justo en frente, nadie quería perderse ni una palabra. Juan continuó hablando.

- Ella quería contarlo todo, no estaba en sus cabales, después de todo trabajo, después de tantos años de planificación quería echarlo todo a perder. Por suerte pude detenerla.

Juan hizo una pausa mientras la habitación volvía a iluminarse y un gran estruendo evitaba que nadie pudiera escuchar ninguna palabra. Durante ese destello todos pudieron ver la cara de Juan, con lágrimas en los ojos mientras recordaba aquel día. Al ver ese rostro Antonio examinó con más detalle las últimas palabras de Juan.

- ¿Qué quieres decir con que pudiste detenerla? ¿No la habrás...? -Preguntó Antonio alterado.
- No, por favor -contestó Juan-, no le hice nada. ¿Qué clase de monstruo crees que soy?

Antonio se sintió un poco avergonzado por haber pensado que Juan podría haber matado a Irina, después de todo era la madre de su hijo, una gran amiga y había estado a su lado en todo momento.

- Conseguí convencerla de que lo correcto era seguir con el plan -continuó diciendo Juan- que era lo más sensato y por lo que habíamos luchado. Me costó bastante hacer que volviera a razonar, pero finalmente entró en razón. Cuando estábamos volviendo hacia la biblioteca todo había comenzado, empezamos a ver a gente armada por las calles, tomando posiciones y no tuvimos más remedio que ponernos a luchar.
- ¿Entonces Irina ha estado todo este tiempo luchando con nosotros? -Preguntó José Luís esperanzado.

De repente Juan pareció aún más serio, y su voz cambió a un leve sollozo. Se le entrecortaban las palabras, pero siguió hablando.

- Estuvo luchando... Pero no sé cómo diablos ni en qué momento consiguieron armas... La semana pasada, estábamos al norte, cuando conseguimos llegar los almacenes de trigo... No parecía haber peligro, no habían ofrecido ninguna resistencia hasta entonces... Pero entonces comenzaron a oírse disparos, yo conseguí esconderme, pero Irina resultó herida.

Juan estaba llorando ahora con rabia. La iluminación intermitente de la guerra exterior mostraba los movimientos de Juan como una serie de fotos. De repente, Juan cogió a José Luís por los brazos y dijo:

- Murió entre mis manos. Murió luchando por un mundo mejor. Muchas personas han muerto luchando por esto que estamos a punto de conseguir. Tenemos que llegar hasta el fin para que ninguna de estas muertes sea en vano. Tenemos que ganar esta guerra por Irina.

José Luís no podía creérselo, después de tantas noches sin dormir, sus pesadillas comenzaban a transformarse en realidad. Otra vez volvía a morir una mujer importante para él, otra vez volvía a vivir con el odio hacia el enemigo que había matado a su amada, dos veces. Ahora tenía más claro que nunca que debía luchar hasta el final. Que debía continuar con el plan, ahora volvía a tener la confianza que un día tuvo, de repente volvió a saber qué hacer.

Todo es mio -cap 14- Muerte

José Luís entró en el despacho de Juan, llevaba semanas queriendo hablar con él, pero Juan siempre estaba dándole escusas, siempre decía estar ocupado. Esta vez no se preocupó en intentar quedar con él, simplemente se presentó allí, cruzó a toda velocidad los pasillos esquivando al personal administrativo que intentó frenarle y llegó hasta el despacho.

Allí se encontraba Juan, sentado tras una gran mesa llena de libros y papeles, sin embargo Juan no parecía realmente ocupado, estaba recostado sobre su silla sujetando una taza de café.

Juan no parecía sorprendido por la visita de José Luís, seguramente esperaba algo así tras tanta insistencia por parte de José Luís por hablar con él.

- Hola José Luís, cuánto tiempo. Perdona que no contestara tus últimas llamadas, pero sabes que los últimos meses he estado bastante ocupado y no he podido sacar tiempo para hablar contigo.

Ahora parecía tener dudas, José Luís llevaba ya mucho tiempo pensando qué le iba a decir a Juan en cuanto tuviera la oportunidad, había tenido muchas conversaciones distintas en su cabeza, pero ahora que estaba frente a él se había quedado en blanco. No sabía qué decir.

- Ya veo -dijo José Luís finalmente-, hace tiempo que intento hablar contigo pero parece que es imposible, por eso he tenido que venir hoy aquí y esquivar toda la seguridad que tienes por aquí.
- Sí, bueno, ya sabes como está el tema de los ataques a la autoridad últimamente, no podemos permitir que se ataquen instituciones con impunidad.

José Luís se acercó al escritorio de Juan y se sentó en el cómodo sillón que había frente a él. Miró a Juan fijamente a los ojos y este le devolvió la mirada. José Luís no advirtió ningún tipo de sentimiento en el rostro de Juan, no era capaz de adivinar qué estaba pensando.

Desde que comenzaron el cambio de la sociedad José Luís había visto una actitud en Juan que no le generaba confianza. No era ninguna mala palabra o acción, eran simples detalles, destellos de desconfianza tras oír una frase de Juan o tras ver una sonrisa de este.

Juan había conseguido mucho poder en la nueva sociedad que en apenas tres años habían logrado montar en la ciudad y parte del mundo, y conforme había ido consiguiendo poder se había ido distanciando de José Luís.

- Sobre eso quería yo hablar. Cada vez tengo más dudas sobre todo esto. Hace ya tres años que comenzamos a montar la nueva sociedad, pero aún tenemos que andar con mucho cuidado y no hemos conseguido ni la mitad de lo que esperábamos.
- Las revoluciones no se hacen en un día -contestó Juan-, todo cambio drástico lleva su tiempo. Pero como habrás observado, aquí estamos funcionando correctamente casi desde el principio.
- Sí, esta ciudad es una de las pocas en las que reina la paz, pero según las noticias que me llegan cada día, la mayoría de las ciudades aún están en guerra.
- Tranquilo José Luís, estoy en ello, pronto terminará todo, estamos trabajando para extender nuestro modelo de funcionamiento a más ciudades, pero aún hace falta más tiempo.

Juan dejó la taza de café sobre la mesa y se levantó. Dio la vuelta lentamente a su mesa y se sentó sobre el borde de esta, situándose mucho más cerca de José Luís.

- Ya tenemos el primer banco en funcionamiento. Estamos imprimiendo billetes y ya hemos empezado a dar créditos. La gente se está adaptando bien al nuevo modelo y la mayoría ya tienen un trabajo remunerado. Ahora tenemos un sistema mucho más justo de reparto, tiene más dinero quién más trabaje.
- Esa no es la impresión que yo tengo -dijo José Luís-, últimamente veo muchos disturbios y la policía está continuamente deteniendo a gente por coger comida.
- Parece mentira que seas tú quién me estés diciendo esto José Luís. Esas personas que están en la cárcel son delincuentes, ladrones. Ahora las granjas tienen propietario, y no es legal coger el trigo de otra persona sin pagar por ello. Han sido juzgados y condenados y seguramente con la privación de la libertad aprendan que en el mundo existen una reglas que hay que cumplir.

Volvía a dudar, José Luís no estaba seguro, había pensado mucho sobre ello y entonces todo parecía lógico, pero ahora, hablando con Juan, todo lo que este decía parecía tener sentido y José Luís no encontraba argumentos lógicos para rebatirle.

- Tienes razón -admitió finalmente José Luís-, últimamente no veo el proyecto con claridad, quizás sea que me estoy haciendo viejo.
- No te preocupes -contestó Juan-, ya hiciste mucho por nosotros al comienzo, ahora deberías retirarte un poco y dejar que nosotros nos encarguemos del resto. Me ocuparé personalmente de que no te falte de nada, ya lo sabes.
- No, si no me falta de nada. Desde que se empezó a manejar la nueva moneda no me ha faltado dinero y la casa que se me ofreció en propiedad es más que suficiente para vivir.

Juan se levantó del borde de la mesa y se acercó a la puerta diciendo sutilmente a José Luís que la conversación había terminado. José Luís se levantó lentamente del sillón y se acercó a Juan. Seguía pensando en por qué razón había ido a hablar con Juan, qué es lo que quería decirle, qué quería cambiar. Sabía que tenía razones para gritarle a la cara, pero ahora mismo no lograba recordarlas.

Mientras se acercaba a Juan levantó la vista del suelo y vio la cara de este, y en ese momento volvió a surgir ese sentimiento de desconfianza, esa pequeña llama de odio, ver esa falsa sonrisa en la cara de Juan le hizo ver la verdad y volvió a tener más confianza.

- ¿Sabes Juan? Todas esas dudas que me asaltan en mitad de la noche, que hacen que no pueda dormir a pesar de que las bombas ya no se oyen desde mi ventana, tienen un fundamento, no soy un viejo loco.
- Nunca he dicho que seas un loco -contestó Juan aparentemente sorprendido.
- Desde un principio sabes que comparto contigo la base de esta sociedad, que cada cual se gane su parte del pastel, que quién más se esfuerce reciba más. O por lo menos eso es lo que pensaba que era justo cuando vivía mi vida antes de que ninguna guerra la destrozara por completo.

» Pero ahora... Ahora tengo dudas. He estado viviendo durante un tiempo en una sociedad diferente, que nunca llegué a imaginar antes, que no había creído posible y por un tiempo fui feliz. No supe reconocerlo, quizás por una añoranza de la juventud que nunca podré vivir, y por eso creía que debía cambiar el mundo, pero ahora tengo dudas.

» No es fácil ver que hay gente muriendo en las puertas de los hospitales porque no pueden pagarse las medicinas que antes podía coger sin problemas y ahora tienen un precio. Ni tampoco es fácil ver a gente siendo encarcelada por querer coger algo de comida de una granja que han cultivado durante años, y ahora resulta que es propiedad de otra persona.

» Tampoco es fácil ver la tristeza en las caras de las personas que van cada día a trabajar para conseguir el dinero que necesitan para poder conseguir cosas que antes no tenían precio, cosas que antes no tenían dueño.

» Todo esto no es fácil porque he visto que no es necesario, y como yo, toda esta gente. En mi época esto era lo normal, pero no había alternativa, nunca había habido una alternativa. Nosotros no sabíamos que esto era posible y sin embargo hubo una guerra que hizo posible el cambio y yo luché contra ese cambio, afortunadamente sin éxito. Desgraciadamente en esta lucha sin sentido he tenido más suerte y he ayudado a destruir un mundo que ahora sé que era mejor que cualquiera que podamos construir nosotros.

Frente a José Luís seguía Juan sin haber cambiado de gesto. Había escuchado todo el discurso de este sin intentar interrumpirlo en ningún momento y sin dejar de sonreír. Sin embargo la falsa sonrisa parecía haberse tornado poco a poco en una sonrisa verdadera, todo esto parecía divertirle, finalmente Juan estaba mostrando su verdadera cara a José Luís.

- Quizás no estés tan lejos de ser un viejo loco como creía -dijo Juan mientras abría la puerta e instaba a José Luís a salir.

José Luís dejó de mirar a Juan perdiendo toda esperanza, el discurso no había servido de nada, Juan no estaba dispuesto a cambiar. Entonces se giró hacia la puerta dispuesto a asumir su derrota y a retirarse, cuando de repente no pudo creer lo que veía.

Una figura se acercaba rápidamente desde el fondo del pasillo, llevaba una pistola en la mano y se movía con determinación, sin apartar la mirada del despacho.

- Irina -susurró José Luís de repente, con la boca entreabierta y los ojos llorosos.
- ¿Cómo? -dijo Juan sorprendido mirando hacia afuera.

Realmente era ella, allí estaba y se dirigía hacia ellos. Creía que estaba muerta, hacía mucho tiempo que veía su rostro, pero aún lo recordaba con claridad. Sin embargo había cambiado, su expresión era mucho más dura.

Irina entró en el despacho golpeando la puerta antes de que Juan pudiera cerrarla. Juan se retiró de ella de un salto. José Luís aún seguía sin creérselo, estaba allí, era ella.

- ¡Irina! Qué sorpresa más grande, cuánto tiempo sin vernos -comenzó a decir Juan recuperando medianamente su falsa sonrisa.

En ese momento y sin mediar palabra Irina levantó el arma y disparó a Juan.

Todo es mio -cap 15- por qué

El cañón de la pistola humeaba aún mientras el cuerpo inerte de Juan se desplomaba creando en el suelo un gran charco de sangre. El estruendo del disparo había enmudecido todo sonido externo y lo único que ahora se podía escuchar en la sala era el silencio.

Irina bajó el arma lentamente. José Luís estaba atónito, no tanto por el disparo o la muerte de Juan, sino por la aparición de un fantasma. Ella estaba muerta y que apareciera ahora hizo brotar la esperanza otra vez en su corazón.

Sin embargo, no tuvo que pasar ni un segundo para que se diera cuenta de lo que había pasado. Su alegría por volver a ver a Irina, por descubrir que realmente seguía viva duró muy poco. Acaba de entrar con un arma en la mano y ahora Juan estaba muerto.

Realmente a José Luís no le importaba demasiado la muerte de Juan. Durante un tiempo creyó que eran amigos, pero poco a poco se dio cuenta de quién era realmente Juan y sobretodo últimamente incluso había soñado con matarle él mismo. Pero eso eran fantasías.

- Estás viva -dijo al final José Luís, obviando el tema de la muerte de Juan y centrando sus pensamientos en Irina.
- ¿Acaso lo dudabas? -preguntó Irina con media sonrisa en la boca.
- Creía que habías muerto... -comenzó a decir, pero en ese momento comprendió gran parte de la historia. Juan les había contado que Irina había muerto en sus brazos.

José Luís comenzó a atar cabos y en su cabeza comenzó a tomar forma una historia totalmente diferente de lo que creía haber vivido hasta el momento. De repente, el darse cuenta de que Juan le había mentido tan descaradamente sobre algo tan grave cambió la percepción de todos los hechos recientes y comenzó a ver detalles en cada conversación, en cada encuentro, en cada palabra de Juan. Ahora comprendió que desde el primer momento le había estado utilizando.

Habían utilizado la muerte de Irina para que tuviera una razón por la que luchar. Esta idea le hizo enfurecer. Y de repente, comenzó a recordar detalles de su vida pasada, antes de la guerra. Comenzó a recordar los motivos por los cuales comenzó a luchar y empezó a ver demasiadas similitudes.

De pronto comprendió que lo que Juan le había hecho, ya se lo habían hecho en el pasado. La muerte de su amada a manos de los rebeldes. Comenzó a dudar de las palabras de los cargos militares que le ayudaron tras el ataque. Los rebeldes no habían atacado de aquella forma hasta entonces, y no lo hicieron después. Comprendió que aquel ataque fue realizado por el propio gobierno contra su pueblo para conseguir más apoyo popular y para tener una escusa para usar la fuerza.

- Ahora lo comprendo todo -comenzó a decir José Luís mientras las lágrimas inundaban sus ojos- Juan me dijo que habías muerto cuando empezaba a dudar de todo y utilizó tu muerte para motivarnos...
- En cierta forma se podría decir que no mintió -empezó a contar Irina con una voz tranquila y pausada-. Después de la muerte de Felipe huí. Tenía muchísimo miedo y lo único que quería era esconderme y olvidar todo el tema. Y así lo hice. Ese mismo día salí de la cuidad, y me alejé todo lo que pude.

» Durante mucho tiempo tuve miedo. No era miedo a la muerte, ni al cambio, ni a nada en particular, era un miedo más animal, no razonado. Viví durante mucho tiempo paralizada por ese miedo, pero poco a poco volví a recobrar la cordura y a perder el miedo.

» Cuando desapareció el miedo irracional apareció el verdadero miedo. Yo conocía todo el plan, sabía lo que iba a pasar y sabía lo que estaba pasando. Sin embargo, este miedo racional no me paralizó, sino que hizo todo lo contrario. Sabía que tenía que evitar que el plan se completara y sabía que yo era una de las pocas personas que podía frenar esto.

- Pero el plan está funcionando -replicó José Luís con desgana y pesimismo.
- Nada de eso -contestó Irina energéticamente-, supuse que en la ciudad tendríais un bloqueo informativo. He visto tus preguntas e inquietudes por la red, y ahora sé que no sabías la mitad de la historia. Intenté contactar contigo, pero supongo que el bloqueo habrá impedido que te llegara ninguno de mis mensajes.
- Entonces, ¿las noticias que he estado leyendo no son correctas?
- Supongo que no -contestó Irina-, Esta es la única ciudad en la que el levantamiento ha prosperado. Aún hay revueltas por todo el mundo, pero son minoritarias y en su mayoría están controladas.

» La simple existencia de esta ciudad es lo único que mantiene las esperanzas en los grupos capitalistas. Y por eso estoy hoy aquí. Nos ha costado mucho trabajo llegar hasta aquí.

José Luís volvía a estar confundido. Otra vez se le desmoronaba el mundo conocido, ya no sabía qué era verdad y qué no. Sin embargo no le importaba. Ya estaba cansado de tanta lucha sin sentido. Ya no sentía rabia ni miedo.

- Sinceramente me alegra que hayáis tomado la ciudad -dijo José Luís, y miró el cuerpo de Juan rodeado de sangre-, ¿pero realmente era necesario matar a Juan?
- ¿No lo comprendes? Vosotros dos habéis comenzado todo esto. Juan y tú habéis dejado de ser personas para convertiros en símbolos. Y hemos decidido, y créeme, no ha sido una decisión fácil, que la única forma de evitar futuras muertes es con la destrucción de los símbolos.

José Luís leyó entre líneas y rápidamente comprendió a lo que realmente había venido Irina, el objetivo no era tomar el control de la ciudad, sino acabar con Juan y con él.

- Ahora conozco mi destino, lo comprendo y lo asumo. Realmente mentiría si dijera que no he esperado este momento, desde que todo esto comenzó he vivido con el temor a la muerte. Pero nunca imaginé que sería de esta forma.

» Ahora que he llegado a comprender la situación me arrepiento de todo lo que he hecho. Me arrepiento de muchas cosas y me avergüenzo de mi egoísmo. He provocado mucho sufrimiento y muchas muertes por el simple hecho de creer que mis ideas son más valiosas que las de los demás y ahora estoy dispuesto a asumir las consecuencias de mis actos.

» Podría excusarme en el desconocimiento, podría decir que he sido engañado, podría decir que creía que tras esto el mundo sería un lugar mejor, pero ahora sé que no vale ninguna excusa, que desde el primer momento, en mi interior, sabía de qué iba esto y si estuve en el bando equivocado durante tanto tiempo fue por puro egoísmo.

» Debí ser más crítico con todas esas ideas que me han metido tan fácilmente en la cabeza. No debí creer en mi gobierno cuando comenzaron con los recortes sociales diciendo que era la única salida, no debí creer a los militares cuando me dijeron que eran otros quienes habían matado a mi novia, no debí creer a Juan cuando me dijo que el mundo ahora era peor que antes. Por eso me arrepiento, y por eso asumo mi destino.

Irina estaba llorando, el discurso de José Luís le había hecho sentirse identificada. Ella también estuvo en el bando equivocado durante mucho tiempo. Realmente fue ella quién llevó a José Luís junto a Juan y podría decirse que sin ella esta pequeña revolución no habría llegado a nada.

Lo único que diferenciaba a Irina de José Luís era que ella se había cambiado de bando justo a tiempo y él lo hacía ahora. Pero ahora era demasiado tarde.

Todo había acabado, en poco tiempo todo volvería a ser como antes y estas revueltas pasarían a ser parte de la historia.

Entonces Irina se secó las lágrimas y miró a José Luís. Éste mantenía los ojos cerrados desde que terminó de hablar. Las lágrimas ya no corrían por su cara. Parecía tranquilo y en paz.

Irina levantó el arma lentamente. Aún no veía claramente, sus ojos estaban llenos de lágrimas y el pulso le temblaba. El cañón de la pistola apuntaba al hombre que casi consiguió cambiar el mundo.